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Centro de Ayuda al Suicida: “No salvamos personas, sino situaciones”
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Por Redacción

Centro de Ayuda al Suicida: “No salvamos personas, sino situaciones”



La finalización del año invita a la reflexión hasta a quienes menos creen en los balances. Es un momento bisagra donde indefectiblemente uno mira hacia atrás y descubre lo que hizo y también aquellas cosas que dejó a mitad de camino, momento en el que la sensibilidad está a flor de piel, quizás tanto como la irritabilidad.


Las pérdidas, los objetivos truncos y hasta los pequeños errores o desamores se potencian al punto tal de que nos parecen enormes. Por eso quisimos charlar con integrantes del equipo del Centro de Ayuda al Suicida, de quienes, respetando la política de la organización, conservaremos el anonimato y para referirnos a ellos lo haremos con un nombre ficticio.


Breve historia


“Esta ONG es el desprendimiento de un programa que pertenecía al Gobierno, y como –por esas cosas que suceden en la Argentina– el que viene nunca toma lo mejor de los otros, sino que lo destruye, como iba a cambiar el gobierno, el programa iba a ser destruido. Hasta ese momento pertenecía al área de Salud Mental y funcionaba en el Hospital Carlos Pereyra. Éramos muchísimos voluntarios y casi atendíamos las 24 horas, las llamadas eran pagas pero igual la gente nos llamaba y hablaba durante horas. Frente a esa situación, y como quedamos pocos, decidimos armar una organización”, relata una voluntaria que, además, es una de las fundadoras.


Bases del programa


Los voluntarios que se resistían a que desapareciera el programa alcanzaron para conformar la comisión directiva de una ONG que cumpliera el mismo rol de asistir a quienes atravesaban momentos de crisis, manteniendo las bases y continuando la tarea. “Somos anónimos, apolíticos, sin religiones, no manifestamos nuestras creencias hacia la sociedad, no llamamos por teléfono, sino que es la gente la que decide llamarnos y es la que corta la comunicación también. Tampoco hacemos diagnósticos ni sostenemos terapias en el tiempo. A estas bases podemos agregar que todas las acciones se rigen por estatuto, que ninguno de los voluntarios recibe pago alguno por su trabajo y mantienen entre ellos la institución, ya que no reciben ningún subsidio”, resumen Miriam y Gustavo al describir al programa que ha sido premiado por la Organización Mundial de la Salud.


Voluntariado


Las convocatorias para quienes deseen sumarse se realizan en marzo, y a partir de allí los interesados pasan por una serie de tests psicológicos y luego de eso una capacitación que dura aproximadamente cuatro meses antes de poder “acompañar telefónicamente” a alguien que lo requiera. Los voluntarios sólo tienen que disponer de tres horas semanales para atender, asistir a una reunión de reflexión cada 15 días con el resto del grupo y tener el poder de escuchar, pero también de disociar para no llevarse esas historias, problemas o sentimientos a su casa.


“La inmensa mayoría de las llamadas que recibimos son de crisis cotidianas, desamor, problemas legales, desazón por infidelidad, falta de recursos, pérdida del sentido de la vida, soledad, depresión… Algunas veces recibimos llamadas con crisis suicidas, y por eso nosotros nos preparamos de mayor a menor”, explican los voluntarios.


“Nosotros no salvamos a nadie, salvamos alguna situación. El egocentrismo lo trabajamos mucho, porque cuando uno se siente que salva a alguien se cree insustituible y lo que precisamente no queremos que suceda es que el que llame crea que el salvador está del otro lado del teléfono. Trabajamos con la escucha terapéutica, con la empatía, con lo bien que le hace a una persona hablar de lo que le pasa, de lo que siente en ese momento”, completan la idea.


Hablar ayuda


Gustavo pone un ejemplo sobre la mesa para graficar que la soledad no es necesariamente estar solo. “Una persona que se siente sola, angustiada o aislada, cuando uno le pregunta con quién está y te dice ‘en el living está mi marido con los chicos y en la cocina mi suegra’. Está acompañada, pero se siente sola y se ha ido a encerrar a una habitación para hablar con nosotros. La idea es que hay cosas que nunca habló con nadie o que no se anima a hablar con otros, pero le sirve llamar a la línea por el anonimato”, resumen, y agregan que “la gente que está mal no quiere preocupar a su entorno, no quiere angustiarlos y saber que va a hablar con un desconocido, que está preparado para eso, genera menos culpa y uno se puede desnudar sin vergüenza. Nadie te juzga, pueden hablar lo que quieran siempre y cuando no afecten al voluntario, es decir, sin perversiones de ningún tipo”, explica un voluntario que lleva años prestando servicio en la ONG.


Escuchar vs. oír


Uno de los males de nuestro tiempo es justamente no dedicar suficiente tiempo a escuchar a los demás; el apuro, la rutina o el traslado de las conversaciones a plataformas digitales, donde muchas veces no dimensionamos lo que un amigo nos está diciendo, o donde las palabras no alcanzan para expresar una gran angustia y nos llevan a refugiarnos en otras personas.


“La gente sabe que cuando llama a este tipo de instituciones hay una persona sentada sin apuro, con tiempo, a quien le puede contar todo lo que quiera, que lo va a escuchar y lo va a orientar desde afuera, y eso muchas veces ayuda”, dice Miriam, y suma: “Oír y escuchar no es lo mismo; nosotros no oímos, sino que escuchamos a la persona”.


Gustavo sostiene que “contar con este tipo de servicio desde el minuto cero de un problema antes de que se transforme en una crisis y de que se evalúen soluciones drásticas es importante. Lo mejor que nos puede pasar es que cuando se empieza a detonar una crisis la persona afectada nos llame”.


“Somos seres gregarios que vivimos en manada y cuando quedamos solos somos absolutamente vulnerables, sobre todo cuando no tenemos la ayuda de otras personas”, explican.


Un llamado puede estar motivado por una patología –como la depresión, la ansiedad o el estrés– o movilizado por sensaciones de soledad, abandono, rupturas amorosas o crisis de desarrollo, entre otros miles de motivos. Pero desde el Centro de Atención al Suicida garantizan que la tristeza, la angustia y la bronca, sumadas a la soledad, generan una alquimia peligrosa, por lo que todos los llamados son atendidos con el mismo grado de responsabilidad, exista o no la ideación suicida”, explica Miriam, y agrega que “el umbral de sufrimiento es distinto, por lo que algo que para una persona es una situación menor, para otra puede ser el puntapié para una pérdida de equilibrio emocional”.


0800 abierto al país


“Si bien cada provincia tiene un organismo o un programa oficial para atender a personas en crisis, al parecer han atravesado algunas situaciones que llevan a éstas a buscar refugio en nuestra organización. Y nos está llamando gente de todo el país, por ejemplo, en Buenos Aires parece que no están atendiendo, ya que recibimos muchas llamadas de ahí, y las crisis se ven amplificadas como en todas las grandes urbes”, cierra Gustavo.


Facebook: Ayuda al suicida (Cas Mendoza Argentina)


Telefono 0800 8000 135


Por Rebeca Rodríguez Viñolo – Diario El Ciudadano on line


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Centro de Ayuda al Suicida: “No salvamos personas, sino situaciones”

La finalización del año invita a la reflexión hasta a quienes menos creen en los balances. Es un momento bisagra donde indefectiblemente uno mira hacia atrás y descubre lo que hizo y también aquellas cosas que dejó a mitad de camino, momento en el que la sensibilidad está a flor de piel, quizás tanto como la irritabilidad.

Las pérdidas, los objetivos truncos y hasta los pequeños errores o desamores se potencian al punto tal de que nos parecen enormes. Por eso quisimos charlar con integrantes del equipo del Centro de Ayuda al Suicida, de quienes, respetando la política de la organización, conservaremos el anonimato y para referirnos a ellos lo haremos con un nombre ficticio.

Breve historia

“Esta ONG es el desprendimiento de un programa que pertenecía al Gobierno, y como –por esas cosas que suceden en la Argentina– el que viene nunca toma lo mejor de los otros, sino que lo destruye, como iba a cambiar el gobierno, el programa iba a ser destruido. Hasta ese momento pertenecía al área de Salud Mental y funcionaba en el Hospital Carlos Pereyra. Éramos muchísimos voluntarios y casi atendíamos las 24 horas, las llamadas eran pagas pero igual la gente nos llamaba y hablaba durante horas. Frente a esa situación, y como quedamos pocos, decidimos armar una organización”, relata una voluntaria que, además, es una de las fundadoras.

Bases del programa

Los voluntarios que se resistían a que desapareciera el programa alcanzaron para conformar la comisión directiva de una ONG que cumpliera el mismo rol de asistir a quienes atravesaban momentos de crisis, manteniendo las bases y continuando la tarea. “Somos anónimos, apolíticos, sin religiones, no manifestamos nuestras creencias hacia la sociedad, no llamamos por teléfono, sino que es la gente la que decide llamarnos y es la que corta la comunicación también. Tampoco hacemos diagnósticos ni sostenemos terapias en el tiempo. A estas bases podemos agregar que todas las acciones se rigen por estatuto, que ninguno de los voluntarios recibe pago alguno por su trabajo y mantienen entre ellos la institución, ya que no reciben ningún subsidio”, resumen Miriam y Gustavo al describir al programa que ha sido premiado por la Organización Mundial de la Salud.

Voluntariado

Las convocatorias para quienes deseen sumarse se realizan en marzo, y a partir de allí los interesados pasan por una serie de tests psicológicos y luego de eso una capacitación que dura aproximadamente cuatro meses antes de poder “acompañar telefónicamente” a alguien que lo requiera. Los voluntarios sólo tienen que disponer de tres horas semanales para atender, asistir a una reunión de reflexión cada 15 días con el resto del grupo y tener el poder de escuchar, pero también de disociar para no llevarse esas historias, problemas o sentimientos a su casa.

“La inmensa mayoría de las llamadas que recibimos son de crisis cotidianas, desamor, problemas legales, desazón por infidelidad, falta de recursos, pérdida del sentido de la vida, soledad, depresión… Algunas veces recibimos llamadas con crisis suicidas, y por eso nosotros nos preparamos de mayor a menor”, explican los voluntarios.

“Nosotros no salvamos a nadie, salvamos alguna situación. El egocentrismo lo trabajamos mucho, porque cuando uno se siente que salva a alguien se cree insustituible y lo que precisamente no queremos que suceda es que el que llame crea que el salvador está del otro lado del teléfono. Trabajamos con la escucha terapéutica, con la empatía, con lo bien que le hace a una persona hablar de lo que le pasa, de lo que siente en ese momento”, completan la idea.

Hablar ayuda

Gustavo pone un ejemplo sobre la mesa para graficar que la soledad no es necesariamente estar solo. “Una persona que se siente sola, angustiada o aislada, cuando uno le pregunta con quién está y te dice ‘en el living está mi marido con los chicos y en la cocina mi suegra’. Está acompañada, pero se siente sola y se ha ido a encerrar a una habitación para hablar con nosotros. La idea es que hay cosas que nunca habló con nadie o que no se anima a hablar con otros, pero le sirve llamar a la línea por el anonimato”, resumen, y agregan que “la gente que está mal no quiere preocupar a su entorno, no quiere angustiarlos y saber que va a hablar con un desconocido, que está preparado para eso, genera menos culpa y uno se puede desnudar sin vergüenza. Nadie te juzga, pueden hablar lo que quieran siempre y cuando no afecten al voluntario, es decir, sin perversiones de ningún tipo”, explica un voluntario que lleva años prestando servicio en la ONG.

Escuchar vs. oír

Uno de los males de nuestro tiempo es justamente no dedicar suficiente tiempo a escuchar a los demás; el apuro, la rutina o el traslado de las conversaciones a plataformas digitales, donde muchas veces no dimensionamos lo que un amigo nos está diciendo, o donde las palabras no alcanzan para expresar una gran angustia y nos llevan a refugiarnos en otras personas.

“La gente sabe que cuando llama a este tipo de instituciones hay una persona sentada sin apuro, con tiempo, a quien le puede contar todo lo que quiera, que lo va a escuchar y lo va a orientar desde afuera, y eso muchas veces ayuda”, dice Miriam, y suma: “Oír y escuchar no es lo mismo; nosotros no oímos, sino que escuchamos a la persona”.

Gustavo sostiene que “contar con este tipo de servicio desde el minuto cero de un problema antes de que se transforme en una crisis y de que se evalúen soluciones drásticas es importante. Lo mejor que nos puede pasar es que cuando se empieza a detonar una crisis la persona afectada nos llame”.

“Somos seres gregarios que vivimos en manada y cuando quedamos solos somos absolutamente vulnerables, sobre todo cuando no tenemos la ayuda de otras personas”, explican.

Un llamado puede estar motivado por una patología –como la depresión, la ansiedad o el estrés– o movilizado por sensaciones de soledad, abandono, rupturas amorosas o crisis de desarrollo, entre otros miles de motivos. Pero desde el Centro de Atención al Suicida garantizan que la tristeza, la angustia y la bronca, sumadas a la soledad, generan una alquimia peligrosa, por lo que todos los llamados son atendidos con el mismo grado de responsabilidad, exista o no la ideación suicida”, explica Miriam, y agrega que “el umbral de sufrimiento es distinto, por lo que algo que para una persona es una situación menor, para otra puede ser el puntapié para una pérdida de equilibrio emocional”.

0800 abierto al país

“Si bien cada provincia tiene un organismo o un programa oficial para atender a personas en crisis, al parecer han atravesado algunas situaciones que llevan a éstas a buscar refugio en nuestra organización. Y nos está llamando gente de todo el país, por ejemplo, en Buenos Aires parece que no están atendiendo, ya que recibimos muchas llamadas de ahí, y las crisis se ven amplificadas como en todas las grandes urbes”, cierra Gustavo.

Facebook: Ayuda al suicida (Cas Mendoza Argentina)

Telefono 0800 8000 135

Por Rebeca Rodríguez Viñolo – Diario El Ciudadano on line

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