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Por Redacción

Ceguera y sordera política para atender la grave crisis del vino



Acallados luces, colorido y fuegos artificiales de los actos centrales de la fiesta nacional de la vendimia 2015, aflora el dolor, la impotencia y una lógica preocupación  de la industria del vino, en especial de los pequeños y medianos productores.


Es que la vendimia 2014-2015 muestra con contundencia que ese sector de nuestra industria madre y de ocho provincias tiene profunda crisis sin precedentes Que tendría lenta recuperación, “si ésta se iniciara ahora” con respuestas que el sector reclama desde el mismo momento que comenzaron a verse preocupantes  señales negativas  que incidieron directamente en la producción global de vinos de la República Argentina.


Los actos centrales de la fiesta nacional de la vendimia que también sirvieron para exponer sin tapujos que nuestra industria madre no cuenta con la más mínima comprensión oficial a lo que le ocurre, menos aún soluciones para ello.


Desde hace cuatro años los productores reciben el mismo precio por la uva, que por supuesto no les alcanza para cubrir los costos. A punto tal que consideran que la situación es tan grave, que muchos emprendimientos vitivinícolas tienden a desaparecer porque la vitivinicultura entera pasa por una inédita posición donde los  daños en el sector  no podrán ser reparados.


En plena fiesta nacional y ante los ojos del país, organismos como la COVIAR expresaron sin medias tintas: “que la acumulación de stock ha incidido negativamente en el precio de la uva y el vino. Empujando todo esto a la baja rentabilidad  de toda la cadena productiva”. Cara que el resto de las entidades y los mismos productores sintieron como propio ese tiro de gracia de lo expresado, en todo el andamiaje productivo e industrial del país, como lo son: “inflación, competitividad y la cuestión cambiaria del dólar”. Todo un drama con abultadas razones cuando estamos hablando de una vitivinicultura que supo vender al mundo hasta hace pocos años atrás más de 100 mil toneladas de uvas frescas y pasas de uva. Además de haber constituido al país en el primer exportador mundial de mosto.


Entonces, los actos centrales de la vendimia se constituyeron en la arena donde se ciñeron diferencias sin miramiento alguno. Porque mientras Hilda Wilhelm de Vaieretti peticionaba con enérgica posición ante los estados nacional y provincial la “atención con soluciones para evitar aún más daño del que tiene la vitivinicultura, porque de lo contrario las imprevisibles consecuencias podrían trastocar hasta la paz social”. El Ministro de Agricultura de la Nación Carlos Casamiquela sin tacto, sin compromiso e improvisando algo que lejos estuvo de calmar  las aguas decía que: “más allá de la cuestión anímica personal de la presidenta de la COVIAR , había que mirar hacia adelante y no transformar esto en una cuestión deprimente de cuestiones personales”. A lo que recibió como tajante respuesta por parte de Sergio Massa (precandidato a la presidencia por el Frente Renovador): “despiértese ministro, que con 35 o 40 puntos de inflación no hay economía regional que se pueda mantener en pié”. Tras lo cual con la misma energía también se expedía el senador de la nación (UCR) Ernesto Sanz, cuando señalaba que: “a este cáncer expuesto por la producción vitivinícola tanto la nación como la provincia ofrecen una aspirina. Sobre todo cuando dicen que se destinan millonarios fondos que uno no ve, porque no se sabe dónde van los mismos”. Acorde a las frases del senador, el presidente de Bodegas de Argentina Juan José Canay peticionaba en voz alta: “ser claros y realista para identificar los problemas que aquejan a la vitivinicultura. A la Argentina (agregaba Canay) le va a costar mucho recuperar el mercado internacional”. Inmediatamente el gobernador Francisco Pérez desde la tribuna del desayuno de la COVIAR se quejaba que en cuatro años desde la nación solo le dieron el 3% de lo que le sacaron a producción mendocina. Sinceramiento que opacó el detalle de todo lo hecho en su administración, incluidos los 13 puntos de respuestas para el sector anunciados recientemente, sin contar los millones de pesos en distintas líneas que dice, “se instrumentaron para apuntalar el sector de pequeños y medianos productores”. “Parece que este gobernador solo muestra números agregados y no se hace cargo de la política vitivinícola local”, subrayaba con enojo la senadora de la nación Laura Montero. La también precandidata a la vice gobernación por el frente Cambia Mendoza y ex ministra de economía de la provincia se preguntaba: “¿en qué ha invertido los 1.700 millones de pesos que él (por el gobernador) dice que ha colocado en el sector?, porque los resultados políticos de su gestión en materia vitivinícola han sido muy malos”, remarcó la senadora.


Todos hablaron y nadie se escuchó. Fundamentalmente no se escuchó, no se entendió y no se  atendió a quienes cultivan y elaboran el fruto de la uva,  por lo tanto no habrá respuesta alguna en los tiempos que vienen para la producción del vino. Mientras desde el poder central continuarán esquilmando a ese productor al que le sacan 76 pesos de cada 100 que paga en impuesto.


Dura imagen vendimial que  solo refleja el desencajado rostro de ese viñatero que vio como la opereta de la política le birló sueños y sacrificios de quienes hicieron productiva a la indomable tierra del Valle de Huentala.


 Daniel Gallardo – Periodista y Productor de Radio Estudio Cooperativa 91.7 y Diario El Ciudadano


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Ceguera y sordera política para atender la grave crisis del vino

Acallados luces, colorido y fuegos artificiales de los actos centrales de la fiesta nacional de la vendimia 2015, aflora el dolor, la impotencia y una lógica preocupación  de la industria del vino, en especial de los pequeños y medianos productores.

Es que la vendimia 2014-2015 muestra con contundencia que ese sector de nuestra industria madre y de ocho provincias tiene profunda crisis sin precedentes Que tendría lenta recuperación, “si ésta se iniciara ahora” con respuestas que el sector reclama desde el mismo momento que comenzaron a verse preocupantes  señales negativas  que incidieron directamente en la producción global de vinos de la República Argentina.

Los actos centrales de la fiesta nacional de la vendimia que también sirvieron para exponer sin tapujos que nuestra industria madre no cuenta con la más mínima comprensión oficial a lo que le ocurre, menos aún soluciones para ello.

Desde hace cuatro años los productores reciben el mismo precio por la uva, que por supuesto no les alcanza para cubrir los costos. A punto tal que consideran que la situación es tan grave, que muchos emprendimientos vitivinícolas tienden a desaparecer porque la vitivinicultura entera pasa por una inédita posición donde los  daños en el sector  no podrán ser reparados.

En plena fiesta nacional y ante los ojos del país, organismos como la COVIAR expresaron sin medias tintas: “que la acumulación de stock ha incidido negativamente en el precio de la uva y el vino. Empujando todo esto a la baja rentabilidad  de toda la cadena productiva”. Cara que el resto de las entidades y los mismos productores sintieron como propio ese tiro de gracia de lo expresado, en todo el andamiaje productivo e industrial del país, como lo son: “inflación, competitividad y la cuestión cambiaria del dólar”. Todo un drama con abultadas razones cuando estamos hablando de una vitivinicultura que supo vender al mundo hasta hace pocos años atrás más de 100 mil toneladas de uvas frescas y pasas de uva. Además de haber constituido al país en el primer exportador mundial de mosto.

Entonces, los actos centrales de la vendimia se constituyeron en la arena donde se ciñeron diferencias sin miramiento alguno. Porque mientras Hilda Wilhelm de Vaieretti peticionaba con enérgica posición ante los estados nacional y provincial la “atención con soluciones para evitar aún más daño del que tiene la vitivinicultura, porque de lo contrario las imprevisibles consecuencias podrían trastocar hasta la paz social”. El Ministro de Agricultura de la Nación Carlos Casamiquela sin tacto, sin compromiso e improvisando algo que lejos estuvo de calmar  las aguas decía que: “más allá de la cuestión anímica personal de la presidenta de la COVIAR , había que mirar hacia adelante y no transformar esto en una cuestión deprimente de cuestiones personales”. A lo que recibió como tajante respuesta por parte de Sergio Massa (precandidato a la presidencia por el Frente Renovador): “despiértese ministro, que con 35 o 40 puntos de inflación no hay economía regional que se pueda mantener en pié”. Tras lo cual con la misma energía también se expedía el senador de la nación (UCR) Ernesto Sanz, cuando señalaba que: “a este cáncer expuesto por la producción vitivinícola tanto la nación como la provincia ofrecen una aspirina. Sobre todo cuando dicen que se destinan millonarios fondos que uno no ve, porque no se sabe dónde van los mismos”. Acorde a las frases del senador, el presidente de Bodegas de Argentina Juan José Canay peticionaba en voz alta: “ser claros y realista para identificar los problemas que aquejan a la vitivinicultura. A la Argentina (agregaba Canay) le va a costar mucho recuperar el mercado internacional”. Inmediatamente el gobernador Francisco Pérez desde la tribuna del desayuno de la COVIAR se quejaba que en cuatro años desde la nación solo le dieron el 3% de lo que le sacaron a producción mendocina. Sinceramiento que opacó el detalle de todo lo hecho en su administración, incluidos los 13 puntos de respuestas para el sector anunciados recientemente, sin contar los millones de pesos en distintas líneas que dice, “se instrumentaron para apuntalar el sector de pequeños y medianos productores”. “Parece que este gobernador solo muestra números agregados y no se hace cargo de la política vitivinícola local”, subrayaba con enojo la senadora de la nación Laura Montero. La también precandidata a la vice gobernación por el frente Cambia Mendoza y ex ministra de economía de la provincia se preguntaba: “¿en qué ha invertido los 1.700 millones de pesos que él (por el gobernador) dice que ha colocado en el sector?, porque los resultados políticos de su gestión en materia vitivinícola han sido muy malos”, remarcó la senadora.

Todos hablaron y nadie se escuchó. Fundamentalmente no se escuchó, no se entendió y no se  atendió a quienes cultivan y elaboran el fruto de la uva,  por lo tanto no habrá respuesta alguna en los tiempos que vienen para la producción del vino. Mientras desde el poder central continuarán esquilmando a ese productor al que le sacan 76 pesos de cada 100 que paga en impuesto.

Dura imagen vendimial que  solo refleja el desencajado rostro de ese viñatero que vio como la opereta de la política le birló sueños y sacrificios de quienes hicieron productiva a la indomable tierra del Valle de Huentala.

 Daniel Gallardo – Periodista y Productor de Radio Estudio Cooperativa 91.7 y Diario El Ciudadano

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