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Carpetas y bravatas
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Por Redacción

Carpetas y bravatas



El sonado caso de espionaje denunciado por la oposición, que en esta ocasión incluyó a figuras de la farándula vernácula, desató una reacción que –más allá del escandalete inmediato- devela rumbos a tener en cuenta, frente a horas decisivas para el futuro de nuestro país.


Luego de saberse que uno de los espiados fue el chimentero Jorge Rial, la respuesta no podía demorar. Y la respuesta fue una bravata, que roza la amenaza, publicando textualmente en su cuenta de twitter: “si se conoce el nombre del político que financió el viaje a Dubai y Roma de Vicky Xipolitakis no hay ni primera vuelta. Alto kilombo”. Todo el mundo leyó entrelíneas el nombre del candidato oficialista, que sonó repetidamente en los comentarios sucesivos al posteo.


Entonces, la política también entra en el barroso sendero de la pelea mediática; el código berreta de convivencia y acceso a la “fama” de figurones pletóricos de cirugía plástica y escaso escrúpulo.


Esta mescolanza se da de bruces con el tono conocido del kirchnerismo, que esboza cada palabra con acento grave y épico, como si fuera parte de su eterna lucha contra los poderes oscuros que conspiran contra la felicidad popular.


Acaso, una vez más, tenga razón la impecable Beatriz Sarlo, para quien la figura, el estilo y la prédica sciolista se inscribe en lo que ha llamado el “cualunquismo”, espacio donde también colocaba al candidato Pro Miguel Del Sel. Un lugar de escasa densidad ideológica, de liviandad analítica e inconsistencia programática y propositiva –todas fácilmente observables- que se decoran con berretería estética, inundada con personajes de calañas parecidas.


Una política que transcurra sobre escenarios farandulescos, sonidos melosos a lo Montaner y Pimpinela –nada más lejos de la retórica revolucionaria- parece ser el futuro inmediato del poder. Mientras, los problemas reales están muy lejos de esos sitios. Y para peor, muy ajenos a las palabras en danza.


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El sonado caso de espionaje denunciado por la oposición, que en esta ocasión incluyó a figuras de la farándula vernácula, desató una reacción que –más allá del escandalete inmediato- devela rumbos a tener en cuenta, frente a horas decisivas para el futuro de nuestro país.

Luego de saberse que uno de los espiados fue el chimentero Jorge Rial, la respuesta no podía demorar. Y la respuesta fue una bravata, que roza la amenaza, publicando textualmente en su cuenta de twitter: “si se conoce el nombre del político que financió el viaje a Dubai y Roma de Vicky Xipolitakis no hay ni primera vuelta. Alto kilombo”. Todo el mundo leyó entrelíneas el nombre del candidato oficialista, que sonó repetidamente en los comentarios sucesivos al posteo.

Entonces, la política también entra en el barroso sendero de la pelea mediática; el código berreta de convivencia y acceso a la “fama” de figurones pletóricos de cirugía plástica y escaso escrúpulo.

Esta mescolanza se da de bruces con el tono conocido del kirchnerismo, que esboza cada palabra con acento grave y épico, como si fuera parte de su eterna lucha contra los poderes oscuros que conspiran contra la felicidad popular.

Acaso, una vez más, tenga razón la impecable Beatriz Sarlo, para quien la figura, el estilo y la prédica sciolista se inscribe en lo que ha llamado el “cualunquismo”, espacio donde también colocaba al candidato Pro Miguel Del Sel. Un lugar de escasa densidad ideológica, de liviandad analítica e inconsistencia programática y propositiva –todas fácilmente observables- que se decoran con berretería estética, inundada con personajes de calañas parecidas.

Una política que transcurra sobre escenarios farandulescos, sonidos melosos a lo Montaner y Pimpinela –nada más lejos de la retórica revolucionaria- parece ser el futuro inmediato del poder. Mientras, los problemas reales están muy lejos de esos sitios. Y para peor, muy ajenos a las palabras en danza.

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