Cargando...
Por Redacción

Campaña contra el ACV



Hay uno cada cuatro minutos en Argentina, es la primera causa de discapacidad y la segunda de muerte en el país, donde se calcula que mata alrededor de 18 mil personas al año. El hecho de que le sucediera a Gustavo Cerati disparó la inquietud de saber qué es, qué lo provoca y si puede evitarse. Es de vital importancia que la población esté preparada para prevenirlo, reconocer sus síntomas y saber cómo actuar en forma inmediata para procurar asistencia médica en el menor tiempo posible.


El Ministerio de Salud de la Nación, llama a los argentinos a reflexionar sobre la enfermedad y  adoptar conductas preventivas que alejen de los factores de riesgo. En nuestra provincia la obra social de Empleados Públicos lanzó la campaña de prevención del accidente cerebrovascular mediante la promoción de diferentes estilos de vida saludables y el consejo de cómo prevenir enfermedades de relevancia.


Por su parte, el Hospital del Carmen posee la primera Unidad de Ataque de ACV de Cuyo. Aquí existe un ‘Triage de guardia’ donde el enfermero a cargo alerta sobre el ingreso de un ‘código  rojo’ – paciente con posibilidad de ataque cerebral –  lo que moviliza a un grupo de profesionales del que forman parte neurólogos, médicos terapistas, neurocirujanos especialistas en tomografía, fonoaudiólogos, kinesiólogos, enfermeros y administrativos. Todos están capacitados para captar en forma precoz a las personas que padecen un ataque cerebral agudo con el fin de realizar lo más rápido posible un diagnóstico certero y su tratamiento correspondiente para disminuir tanto la mortalidad como las secuelas físicas y psicológicas del enfermo.


Según el diagnóstico y  otros factores como la edad del paciente, su estado de salud y el tiempo transcurrido desde el inicio de los síntomas, se determina el tipo de medicación que se le administrará para intentar revertir el ataque o minimizar sus secuelas. En algunos casos es posible administrar una medicación llamada r-tPA (plasminógeno tisular recombinante humano) que permite recanalizar la arteria ocluida en caso de ataque cerebral isquémico, siempre que no posea contraindicaciones y esté dentro de las primeras 4 o 5 horas del inicio del cuadro. La perspectiva en una gran parte de los pacientes es alentadora, algunos de los que arribaron con afasia global (mudez) recuperaron el habla en el lapso de media hora a 45 minutos de administrado el fármaco.


Hay que tener en cuenta que en las guardias se observa que en el 97% de los casos el ACV ocurre en personas mayores a los 45 años y que dos de cada tres ataques se dan en personas mayores de 65 pero puede darse a cualquier edad, incluso en niños y hasta en bebés; por ello es preciso conocerlo para poder prevenir, detectar y actuar a tiempo.


Al accidente cerebro vascular lo provoca el taponamiento o la rotura de una arteria del cerebro. Puede darse por dos causas:



  1.  Ataque cerebrovascular isquémico o infarto cerebral: es el más frecuente y se produce cuando al taparse una arteria por un coágulo no llega sangre a una parte del cerebro, lo que puede ocurrir de dos maneras: se forma un coágulo en una arteria que ya está muy estrecha, a lo que se llama accidente cerebrovascular trombótico; o se desprende un coágulo en otro lugar de los vasos sanguíneos del cerebro, o en alguna parte del cuerpo y se mueve hasta ese lugar, a lo que se llama embolia cerebral o accidente cerebrovascular embólico. De una u otra manera, la pérdida del flujo sanguíneo determina que las neuronas queden sin oxígeno y corran el riesgo de debilitarse o morir. Esto provoca que ciertas partes del cerebro dejen de funcionar y con ello también ciertas capacidades, como por ejemplo, el poder hablar o hacerlo en forma correcta, el poder recordar o mantener la fuerza de algún miembro. Una vez que las neuronas mueren no se vuelven a formar, por lo que las consecuencias son, a menudo, permanentes.

  2. Ataque cerebrovascular hemorrágico: es producto de la ruptura de una arteria o vaso sanguíneo débil, lo que provoca hemorragia y daño en el sector donde ocurre. Algunas personas tienen defectos en estos vasos por lo que son más propensas a padecerlo.


En relación con el ACV hay una frase que sostiene que ‘el tiempo es cerebro’, lo que implica que al reconocerlo y actuar a tiempo se reducen las consecuencias de su impacto. Es decir, es una emergencia que requiere atención médica inmediata, cada minuto trascurrido es crucial para prevenir los daños del ataque sobre la actividad motora, la palabra, la visión, la actividad física y por supuesto, la muerte. La consulta se debe realizar dentro de las tres primeras horas de aparecidos cualquiera de los siguientes síntomas: imposibilidad para movilizar alguna parte o lado del cuerpo, como cara, brazo, mano o pierna; trastornos para hablar y/o caminar, vértigo, dificultad para entender y/o para coordinar; confusión o pérdida de memoria, mareos, pérdida de equilibrio,  pérdida repentina de la visión de un ojo, visión borrosa o limitada; dolor de cabeza muy intenso de comienzo súbito que empeora al cambiar de posición, toser o agacharse; cambios en la audición, el gusto y el tacto; incapacidad para sentir dolor, presión sobre alguna parte del cuerpo o estímulo a diferentes temperaturas, torpeza; dificultad para leer, escribir, deglutir y controlar esfínteres.


Es de vital importancia saber actuar ante la manifestación de estos síntomas pues podrían implicar que el ACV se produjo o está en curso. Es preciso acostar a la persona sobre uno de sus costados para evitar que se caiga o ahogue con vómito o saliva y llamar de inmediato al servicio de emergencias, aun cuando los síntomas desaparezcan. Además, no se debe administrar ningún tipo de medicación ni siquiera para bajar la presión arterial, es de esperar que esté elevada. Cualquier medicamento puede empeorar el cuadro. Si la persona afectada es diabética se debe controlar su nivel de azúcar, si es menor a 80 mg/dl administrar alimentos o bebidas azucaradas, siempre y cuando esté despierta, sentada y no se ahogue al ingerirla. En caso de que la persona esté consciente, se le puede solicitar que sonría, levante ambos brazos y repita una frase simple. En ocasiones, las obstrucciones en las arterias del cerebro son pasajeras y los síntomas se manifiestan por breves períodos de tiempo, si bien los ataques transitorios no producen daños permanentes, es necesario controlarlos y advertir la posibilidad de un evento mayor.


Existen factores de riesgo que predisponen a sufrir un ataque cerebral: hipertensión arterial (factor primordial), tabaquismo, diabetes mellitus, colesterol elevado, obesidad, estrés, ingesta  elevada de alcohol, grasa y/o sal, consumo de drogas ilegales, sedentarismo, fibrilación auricular, antecedentes familiares, aumento de la edad (en especial luego de los 55 años); raza (las personas de raza negra tienen más posibilidades de morir), problemas circulatorios y en las mujeres, el uso de anticonceptivos durante largos periodos de tiempo sin supervisión médica (más las que fuman y tienen más de 35 años). Estos factores explican el 60 % de las muertes en el mundo, entre las cuales se encuentra el ACV.


Cabe destacar que ocho de cada diez accidentes cerebrovasculares se presentan en pacientes hipertensos. Si se reduce tres gramos el consumo de sal diario, se evitarían en 2020 más de 100.000 ataques cerebrovasculares. Si a esto se le suman otros hábitos saludables como dejar de fumar, realizar actividad física y controlar la presión arterial, se reducirían aún más los riesgos de sufrir esta enfermedad. También es bueno para prevenirlo: controlar el déficit de magnesio,  el colesterol, la diabetes o el síndrome metabólico (resistencia a la insulina); tener un diagnóstico precoz de las obstrucciones de las arterias y prevenir con medicación las trombosis y embolias cerebrales.


Respecto al pronóstico, depende del tipo de accidente cerebrovascular, de la  cantidad de tejido cerebral dañado, de qué funciones corporales resultan afectadas y de la prontitud con que se recibe el tratamiento. Los problemas para moverse, pensar y hablar con frecuencia mejoran en cuestión de semanas o meses e incluso se puede evolucionar con el paso de los años. Más de la mitad de las personas que tienen un accidente cerebrovascular son capaces de desenvolverse y vivir en el hogar, otras, no tienen condiciones para cuidarse sin ayuda. En este sentido, es importante destacar que el riesgo de un segundo ACV es mayor durante las primeras semanas o meses después del primero y luego  disminuye.


“Prevenir, reconocer y actuar”, tal es el lema de la campaña que lanzó la OSEP, son los pilares fundamentales para salvar la propia vida o la de quienes nos rodean.


comentarios

Compartir en facebook
Compartir en twitter
imagen
imagen
imagen
imagen

Campaña contra el ACV

Hay uno cada cuatro minutos en Argentina, es la primera causa de discapacidad y la segunda de muerte en el país, donde se calcula que mata alrededor de 18 mil personas al año. El hecho de que le sucediera a Gustavo Cerati disparó la inquietud de saber qué es, qué lo provoca y si puede evitarse. Es de vital importancia que la población esté preparada para prevenirlo, reconocer sus síntomas y saber cómo actuar en forma inmediata para procurar asistencia médica en el menor tiempo posible.

El Ministerio de Salud de la Nación, llama a los argentinos a reflexionar sobre la enfermedad y  adoptar conductas preventivas que alejen de los factores de riesgo. En nuestra provincia la obra social de Empleados Públicos lanzó la campaña de prevención del accidente cerebrovascular mediante la promoción de diferentes estilos de vida saludables y el consejo de cómo prevenir enfermedades de relevancia.

Por su parte, el Hospital del Carmen posee la primera Unidad de Ataque de ACV de Cuyo. Aquí existe un ‘Triage de guardia’ donde el enfermero a cargo alerta sobre el ingreso de un ‘código  rojo’ – paciente con posibilidad de ataque cerebral –  lo que moviliza a un grupo de profesionales del que forman parte neurólogos, médicos terapistas, neurocirujanos especialistas en tomografía, fonoaudiólogos, kinesiólogos, enfermeros y administrativos. Todos están capacitados para captar en forma precoz a las personas que padecen un ataque cerebral agudo con el fin de realizar lo más rápido posible un diagnóstico certero y su tratamiento correspondiente para disminuir tanto la mortalidad como las secuelas físicas y psicológicas del enfermo.

Según el diagnóstico y  otros factores como la edad del paciente, su estado de salud y el tiempo transcurrido desde el inicio de los síntomas, se determina el tipo de medicación que se le administrará para intentar revertir el ataque o minimizar sus secuelas. En algunos casos es posible administrar una medicación llamada r-tPA (plasminógeno tisular recombinante humano) que permite recanalizar la arteria ocluida en caso de ataque cerebral isquémico, siempre que no posea contraindicaciones y esté dentro de las primeras 4 o 5 horas del inicio del cuadro. La perspectiva en una gran parte de los pacientes es alentadora, algunos de los que arribaron con afasia global (mudez) recuperaron el habla en el lapso de media hora a 45 minutos de administrado el fármaco.

Hay que tener en cuenta que en las guardias se observa que en el 97% de los casos el ACV ocurre en personas mayores a los 45 años y que dos de cada tres ataques se dan en personas mayores de 65 pero puede darse a cualquier edad, incluso en niños y hasta en bebés; por ello es preciso conocerlo para poder prevenir, detectar y actuar a tiempo.

Al accidente cerebro vascular lo provoca el taponamiento o la rotura de una arteria del cerebro. Puede darse por dos causas:

  1.  Ataque cerebrovascular isquémico o infarto cerebral: es el más frecuente y se produce cuando al taparse una arteria por un coágulo no llega sangre a una parte del cerebro, lo que puede ocurrir de dos maneras: se forma un coágulo en una arteria que ya está muy estrecha, a lo que se llama accidente cerebrovascular trombótico; o se desprende un coágulo en otro lugar de los vasos sanguíneos del cerebro, o en alguna parte del cuerpo y se mueve hasta ese lugar, a lo que se llama embolia cerebral o accidente cerebrovascular embólico. De una u otra manera, la pérdida del flujo sanguíneo determina que las neuronas queden sin oxígeno y corran el riesgo de debilitarse o morir. Esto provoca que ciertas partes del cerebro dejen de funcionar y con ello también ciertas capacidades, como por ejemplo, el poder hablar o hacerlo en forma correcta, el poder recordar o mantener la fuerza de algún miembro. Una vez que las neuronas mueren no se vuelven a formar, por lo que las consecuencias son, a menudo, permanentes.
  2. Ataque cerebrovascular hemorrágico: es producto de la ruptura de una arteria o vaso sanguíneo débil, lo que provoca hemorragia y daño en el sector donde ocurre. Algunas personas tienen defectos en estos vasos por lo que son más propensas a padecerlo.

En relación con el ACV hay una frase que sostiene que ‘el tiempo es cerebro’, lo que implica que al reconocerlo y actuar a tiempo se reducen las consecuencias de su impacto. Es decir, es una emergencia que requiere atención médica inmediata, cada minuto trascurrido es crucial para prevenir los daños del ataque sobre la actividad motora, la palabra, la visión, la actividad física y por supuesto, la muerte. La consulta se debe realizar dentro de las tres primeras horas de aparecidos cualquiera de los siguientes síntomas: imposibilidad para movilizar alguna parte o lado del cuerpo, como cara, brazo, mano o pierna; trastornos para hablar y/o caminar, vértigo, dificultad para entender y/o para coordinar; confusión o pérdida de memoria, mareos, pérdida de equilibrio,  pérdida repentina de la visión de un ojo, visión borrosa o limitada; dolor de cabeza muy intenso de comienzo súbito que empeora al cambiar de posición, toser o agacharse; cambios en la audición, el gusto y el tacto; incapacidad para sentir dolor, presión sobre alguna parte del cuerpo o estímulo a diferentes temperaturas, torpeza; dificultad para leer, escribir, deglutir y controlar esfínteres.

Es de vital importancia saber actuar ante la manifestación de estos síntomas pues podrían implicar que el ACV se produjo o está en curso. Es preciso acostar a la persona sobre uno de sus costados para evitar que se caiga o ahogue con vómito o saliva y llamar de inmediato al servicio de emergencias, aun cuando los síntomas desaparezcan. Además, no se debe administrar ningún tipo de medicación ni siquiera para bajar la presión arterial, es de esperar que esté elevada. Cualquier medicamento puede empeorar el cuadro. Si la persona afectada es diabética se debe controlar su nivel de azúcar, si es menor a 80 mg/dl administrar alimentos o bebidas azucaradas, siempre y cuando esté despierta, sentada y no se ahogue al ingerirla. En caso de que la persona esté consciente, se le puede solicitar que sonría, levante ambos brazos y repita una frase simple. En ocasiones, las obstrucciones en las arterias del cerebro son pasajeras y los síntomas se manifiestan por breves períodos de tiempo, si bien los ataques transitorios no producen daños permanentes, es necesario controlarlos y advertir la posibilidad de un evento mayor.

Existen factores de riesgo que predisponen a sufrir un ataque cerebral: hipertensión arterial (factor primordial), tabaquismo, diabetes mellitus, colesterol elevado, obesidad, estrés, ingesta  elevada de alcohol, grasa y/o sal, consumo de drogas ilegales, sedentarismo, fibrilación auricular, antecedentes familiares, aumento de la edad (en especial luego de los 55 años); raza (las personas de raza negra tienen más posibilidades de morir), problemas circulatorios y en las mujeres, el uso de anticonceptivos durante largos periodos de tiempo sin supervisión médica (más las que fuman y tienen más de 35 años). Estos factores explican el 60 % de las muertes en el mundo, entre las cuales se encuentra el ACV.

Cabe destacar que ocho de cada diez accidentes cerebrovasculares se presentan en pacientes hipertensos. Si se reduce tres gramos el consumo de sal diario, se evitarían en 2020 más de 100.000 ataques cerebrovasculares. Si a esto se le suman otros hábitos saludables como dejar de fumar, realizar actividad física y controlar la presión arterial, se reducirían aún más los riesgos de sufrir esta enfermedad. También es bueno para prevenirlo: controlar el déficit de magnesio,  el colesterol, la diabetes o el síndrome metabólico (resistencia a la insulina); tener un diagnóstico precoz de las obstrucciones de las arterias y prevenir con medicación las trombosis y embolias cerebrales.

Respecto al pronóstico, depende del tipo de accidente cerebrovascular, de la  cantidad de tejido cerebral dañado, de qué funciones corporales resultan afectadas y de la prontitud con que se recibe el tratamiento. Los problemas para moverse, pensar y hablar con frecuencia mejoran en cuestión de semanas o meses e incluso se puede evolucionar con el paso de los años. Más de la mitad de las personas que tienen un accidente cerebrovascular son capaces de desenvolverse y vivir en el hogar, otras, no tienen condiciones para cuidarse sin ayuda. En este sentido, es importante destacar que el riesgo de un segundo ACV es mayor durante las primeras semanas o meses después del primero y luego  disminuye.

“Prevenir, reconocer y actuar”, tal es el lema de la campaña que lanzó la OSEP, son los pilares fundamentales para salvar la propia vida o la de quienes nos rodean.

comentarios

imagen imagen
Login