Cada vez nacen menos mendocinos
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Por Redacción
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Cada vez nacen menos mendocinos



La tasa de fecundidad, en nuestra provincia y en la Argentina, cayó por primera vez en las historia, en forma abrupta en los últimos años y se encuentra por debajo del nivel de reposición, estimado en dos hijos por mujer, con riesgo de envejecimiento poblacional, un fenómeno que ya preocupa a las autoridades de los países centrales.


Así lo señala un informe elaborado por el Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad Argentina de la Empresa (UADE), basado en datos del INDEC, que emparenta a ese dato nacional con lo que ocurre a nivel mundial.


De acuerdo con el trabajo difundido, “el número de hijos por mujer a nivel mundial se redujo de 5,02% a 2,55% en promedio, lo que da cuenta de una importante tendencia a la baja de la fecundidad femenina, que se ha venido agudizado en los últimos años y se manifiesta en un envejecimiento poblacional”.


La Argentina se ubica, junto a Uruguay y Chile, entre los países con más baja natalidad de Latinoamérica, aunque por encima de los niveles presentados, por ejemplo, por Brasil, Chile y Uruguay.


De acuerdo con la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), en 2013 la Argentina presentaba una tasa de natalidad del 2,18%, aunque se estima que en 2015 ya se encuentra por debajo del 2,11%, una cifra límite para que la población no “envejezca”.


Ahora en Mendoza nacen menos niños


En nuestra provincia, la más populosa del Oeste argentino, la tasa de nacimiento ya era en 2013 de 1,8% por mujer, y hoy, la misma estadística refleja un promedio de 1,57%.


Como sucede en países del primer mundo, la baja de la natalidad se da en un contexto en el que muchas mujeres con alta educación apelan a la maternidad tardía por exigencias de formación y trabajo, y la paternidad también es considerada en el medio de restricciones económicas.


En tanto, las autoridades se plantean el desafío de resolver el sustento de los sistemas previsionales, ante el crecimiento proporcional de la población envejecida, debido al aporte de los avances científicos en la salud, que promueven la longevidad.


Según el informe de la UADE, “el problema del envejecimiento poblacional saca a la luz problemas subyacentes, como la llamada ‘doble insatisfacción’, en cuanto a que las mujeres de menores recursos tienen más hijos y las de más recursos menos”.


En ese sentido, se sostiene que “las mujeres de sectores medios, más educadas y laboralmente activas, encuentran dificultades para conciliar vida familiar y laboral en un contexto de insuficientes servicios de cuidado infantil de calidad, sean públicos o privados”.


En el estudio también se indica que “la maternidad tardía lleva a su vez una mayor carga para las mujeres, que deben cuidar a sus hijos y a sus padres ancianos. En períodos con maternidad más temprana, los padres ayudaban a sus hijos en el cuidado familiar, lo que facilitaba tener familias más numerosas”


Como si fuera poco, la cifra cada vez se acerca más al 2,1% que representa la tasa de reemplazo, que se refiere a la tasa de fecundidad mínima que una población necesita para mantener su nivel demográfico en igualdad o crecimiento.


“Por el momento, se trata de una advertencia. Es mejor empezar a tratar el tema ahora y no esperar a convertirse en lo que es Europa, que están sufriendo mucho por la falta de nacimientos”, explica al portal Infobae.com la licenciada Analía Calero, líder de la investigación.


De persistir la tendencia, el país tendrá que comenzar a adaptarse a cumplir las necesidades mínimas de una población cada vez más envejecida. Además, se avecinarán cambios que podrán surgir a largo plazo en el mercado de trabajo, a causa de una nueva composición del capital humano y su productividad.


 “Madres, nunca”: contra el mandato, eligen no tener hijos


Por estos días, es bastante habitual que a una mujer la miren mal cuando dice que no quiere ser mamá. Pero la realidad marca que cada vez más mujeres no quieren engordar, no quieren pasar años sin dormir ni conocer el dolor del parto y nadie las puede juzgar por eso.


Se trata de chicas jóvenes que no quieren una responsabilidad de por vida, y como tantas otras mujeres que eligen no ser madres, ellas entran en la categoría que la sociología actual denomina ‘NoChild o NoMo’ –sin hijos y no madres, en su versión castellana–. Ellas forman parte de una tendencia de mujeres profesionales y emprendedoras en un mundo cuya población envejece. De hecho, en los últimos 60 años se redujo la tasa de fecundidad a nivel mundial de cinco hijos por mujer en 1955 a dos en 2010.


“La mujer está culturalmente asociada a la figura de madre; mujer es igual a madre para la sociedad. Por eso, cuando una chica decide no cumplir con ese mandato, para la sociedad, entonces no es mujer. Le quita todas las atribuciones, que a su vez le asigna a la madre, y ante esa mirada deja de ser contenedora, buena, sensible y responsable”, explica Sabrina Cartabia, una abogada feminista de 30 años que también decidió no tener hijos.


Panorama complicado de cara al futuro


De no modificarse esta situación social, según quienes estudian el tema, podría generar que la Argentina se ubique en el “umbral crítico del nivel de reemplazo generacional” en las décadas siguientes. En ese sentido, un informe de la Fundación Observatorio de la Maternidad resaltó que desde 1980 “se corrobora la adopción de un patrón de familia más reducido” en nuestro país.


Ante esto, los expertos de la fundación aseguran que, debido a que dos hijos por mujer representa el nivel de reemplazo mínimo para garantizar la reproducción, la población se encontrará en la tercera década de este siglo o antes, cerca al punto de comenzar a disminuir en términos absolutos.


Para la demógrafa Isabel Carmona, tanto la disminución de la fecundidad como la falta de migraciones importantes hacia nuestro país “obligarán a replantear el problema del crecimiento demográfico como una cuestión central dentro de las políticas de Estado de cara al futuro”.


Lo más negativo del escenario es que, según los especialistas, debido a la caída de la tasa de natalidad (cantidad de niños por mil habitantes), de 18,5% a 11,9%, la Argentina dejará de crecer demográficamente en 2050, se acentuarán las desigualdades socioeconómicas y la cantidad de personas activas no será suficiente para sostener los sistemas de salud y de previsión social.


“Si la situación no se modifica –advierte Carmona–, el desafío del país será adoptar políticas de incentivación de la fecundidad que al mismo tiempo no se inmiscuyan en la libertad de los ciudadanos y no afecten, de esa manera, los derechos a la autodeterminación de las personas”.


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La tasa de fecundidad, en nuestra provincia y en la Argentina, cayó por primera vez en las historia, en forma abrupta en los últimos años y se encuentra por debajo del nivel de reposición, estimado en dos hijos por mujer, con riesgo de envejecimiento poblacional, un fenómeno que ya preocupa a las autoridades de los países centrales.

Así lo señala un informe elaborado por el Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad Argentina de la Empresa (UADE), basado en datos del INDEC, que emparenta a ese dato nacional con lo que ocurre a nivel mundial.

De acuerdo con el trabajo difundido, “el número de hijos por mujer a nivel mundial se redujo de 5,02% a 2,55% en promedio, lo que da cuenta de una importante tendencia a la baja de la fecundidad femenina, que se ha venido agudizado en los últimos años y se manifiesta en un envejecimiento poblacional”.

La Argentina se ubica, junto a Uruguay y Chile, entre los países con más baja natalidad de Latinoamérica, aunque por encima de los niveles presentados, por ejemplo, por Brasil, Chile y Uruguay.

De acuerdo con la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), en 2013 la Argentina presentaba una tasa de natalidad del 2,18%, aunque se estima que en 2015 ya se encuentra por debajo del 2,11%, una cifra límite para que la población no “envejezca”.

Ahora en Mendoza nacen menos niños

En nuestra provincia, la más populosa del Oeste argentino, la tasa de nacimiento ya era en 2013 de 1,8% por mujer, y hoy, la misma estadística refleja un promedio de 1,57%.

Como sucede en países del primer mundo, la baja de la natalidad se da en un contexto en el que muchas mujeres con alta educación apelan a la maternidad tardía por exigencias de formación y trabajo, y la paternidad también es considerada en el medio de restricciones económicas.

En tanto, las autoridades se plantean el desafío de resolver el sustento de los sistemas previsionales, ante el crecimiento proporcional de la población envejecida, debido al aporte de los avances científicos en la salud, que promueven la longevidad.

Según el informe de la UADE, “el problema del envejecimiento poblacional saca a la luz problemas subyacentes, como la llamada ‘doble insatisfacción’, en cuanto a que las mujeres de menores recursos tienen más hijos y las de más recursos menos”.

En ese sentido, se sostiene que “las mujeres de sectores medios, más educadas y laboralmente activas, encuentran dificultades para conciliar vida familiar y laboral en un contexto de insuficientes servicios de cuidado infantil de calidad, sean públicos o privados”.

En el estudio también se indica que “la maternidad tardía lleva a su vez una mayor carga para las mujeres, que deben cuidar a sus hijos y a sus padres ancianos. En períodos con maternidad más temprana, los padres ayudaban a sus hijos en el cuidado familiar, lo que facilitaba tener familias más numerosas”

Como si fuera poco, la cifra cada vez se acerca más al 2,1% que representa la tasa de reemplazo, que se refiere a la tasa de fecundidad mínima que una población necesita para mantener su nivel demográfico en igualdad o crecimiento.

“Por el momento, se trata de una advertencia. Es mejor empezar a tratar el tema ahora y no esperar a convertirse en lo que es Europa, que están sufriendo mucho por la falta de nacimientos”, explica al portal Infobae.com la licenciada Analía Calero, líder de la investigación.

De persistir la tendencia, el país tendrá que comenzar a adaptarse a cumplir las necesidades mínimas de una población cada vez más envejecida. Además, se avecinarán cambios que podrán surgir a largo plazo en el mercado de trabajo, a causa de una nueva composición del capital humano y su productividad.

 “Madres, nunca”: contra el mandato, eligen no tener hijos

Por estos días, es bastante habitual que a una mujer la miren mal cuando dice que no quiere ser mamá. Pero la realidad marca que cada vez más mujeres no quieren engordar, no quieren pasar años sin dormir ni conocer el dolor del parto y nadie las puede juzgar por eso.

Se trata de chicas jóvenes que no quieren una responsabilidad de por vida, y como tantas otras mujeres que eligen no ser madres, ellas entran en la categoría que la sociología actual denomina ‘NoChild o NoMo’ –sin hijos y no madres, en su versión castellana–. Ellas forman parte de una tendencia de mujeres profesionales y emprendedoras en un mundo cuya población envejece. De hecho, en los últimos 60 años se redujo la tasa de fecundidad a nivel mundial de cinco hijos por mujer en 1955 a dos en 2010.

“La mujer está culturalmente asociada a la figura de madre; mujer es igual a madre para la sociedad. Por eso, cuando una chica decide no cumplir con ese mandato, para la sociedad, entonces no es mujer. Le quita todas las atribuciones, que a su vez le asigna a la madre, y ante esa mirada deja de ser contenedora, buena, sensible y responsable”, explica Sabrina Cartabia, una abogada feminista de 30 años que también decidió no tener hijos.

Panorama complicado de cara al futuro

De no modificarse esta situación social, según quienes estudian el tema, podría generar que la Argentina se ubique en el “umbral crítico del nivel de reemplazo generacional” en las décadas siguientes. En ese sentido, un informe de la Fundación Observatorio de la Maternidad resaltó que desde 1980 “se corrobora la adopción de un patrón de familia más reducido” en nuestro país.

Ante esto, los expertos de la fundación aseguran que, debido a que dos hijos por mujer representa el nivel de reemplazo mínimo para garantizar la reproducción, la población se encontrará en la tercera década de este siglo o antes, cerca al punto de comenzar a disminuir en términos absolutos.

Para la demógrafa Isabel Carmona, tanto la disminución de la fecundidad como la falta de migraciones importantes hacia nuestro país “obligarán a replantear el problema del crecimiento demográfico como una cuestión central dentro de las políticas de Estado de cara al futuro”.

Lo más negativo del escenario es que, según los especialistas, debido a la caída de la tasa de natalidad (cantidad de niños por mil habitantes), de 18,5% a 11,9%, la Argentina dejará de crecer demográficamente en 2050, se acentuarán las desigualdades socioeconómicas y la cantidad de personas activas no será suficiente para sostener los sistemas de salud y de previsión social.

“Si la situación no se modifica –advierte Carmona–, el desafío del país será adoptar políticas de incentivación de la fecundidad que al mismo tiempo no se inmiscuyan en la libertad de los ciudadanos y no afecten, de esa manera, los derechos a la autodeterminación de las personas”.

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