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Por Redacción

BlackBerry gana la primera mano con su ‘carta extravagante’



“Feo”, “horrible”, “un ladrillo”… Un paseo por las redes sociales a las horas de haber conocido el aspecto del Passport, la última bala de BlackBerry, nos hubiera hecho pensar que la firma canadiense había firmado definitivamente su extinción. Pero en esto de la telefonía móvil, hasta el rabo todo es toro, y eso lo conoce bien John Chen, un curtido directivo que conoce de primera mano cómo dar la vuelta a una empresa en tiempo de descuento.


Su especialidad son los marrones, y el de BlackBerry era uno de dimensiones descomunales; lejos de arredrarse, el CEO se remangó y comenzó las reformas atacando en dos flancos: el más evidente, el saneamiento de las cuentas, pero el más complejo sin duda, el estratégico. ¿Cómo lograr que una firma de semejante solera volviera a números negros despertando la ilusión de su mercado? Aquí, seamos sinceros, nadie daba dos duros por la marca. Con Apple y Google capitaneando a sus anchas y Microsoft con la billetera llena abriéndose hueco, realmente no había muchas oportunidades.


200.000 unidades vendidas en los dos primeros días, y atentos al dato, porque esto sí que es significativo: se agotó el ‘stock’ en tiendas como la mismísima Amazon, en la que fue el ‘smartphone’ más vendido mientras era posible comprarlo


Pero había una grieta en ese muro de la impotencia. Y Chen la ha encontrado. El Passport –un smartphone que debe su nombre a que tiene exactamente las dimensiones de un pasaporte– salió a la venta la semana pasada y no hubo que contener mucho el aliento para descubrir si Chen tenía que hacer el petate y la firma bajar la persiana: el dispositivo arrasó en su estreno.


¿Cómo? ¿Qué? ¿Aquel ladrillo tosco y feo tenía un mercado? La carta extravagante de Chen ha funcionado. Por supuesto que sí: 200.000 unidades vendidas en los dos primeros días, y atentos al dato, porque esto sí que es significativo, se agotó el stock en tiendas como la mismísima Amazon, en la que fue el smartphone más vendido mientras era posible comprarlo. Y hay que tener en cuenta además, como destaca el analista John Gold, que se trata de un equipo de nicho, muy orientado al mundo de la empresa y con un mercado mucho más reducido que equipos como el iPhone o los Nexus.


Potente y simplemente efectivo


¿Qué ha sucedido entonces para que Passport abra las puertas a la esperanza en la compañía? Sería tentador pensar que el mercado se ha lanzado en plancha a por este dispositivo por considerar que podría tratarse del último equipo genuinamente original que comercializara la casa, pero no, realmente los de Waterloo han vuelto a jugar con la misma mano que los llevó a ser los líderes en su día.


Con el paso de los años olvidamos rápido, pero conviene recordar que BlackBerry fue un pionero en su día al estrenar el formato y funcionalidad (correo electrónico en el móvil) en un mercado que no estaba habituado a esto. En este caso, el que pegó primero sí lo hizo dos veces y las Curve y demás se convirtieron en un estándar que encumbró a los días más gloriosos a la compañía canadiense.


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BlackBerry gana la primera mano con su ‘carta extravagante’

“Feo”, “horrible”, “un ladrillo”… Un paseo por las redes sociales a las horas de haber conocido el aspecto del Passport, la última bala de BlackBerry, nos hubiera hecho pensar que la firma canadiense había firmado definitivamente su extinción. Pero en esto de la telefonía móvil, hasta el rabo todo es toro, y eso lo conoce bien John Chen, un curtido directivo que conoce de primera mano cómo dar la vuelta a una empresa en tiempo de descuento.

Su especialidad son los marrones, y el de BlackBerry era uno de dimensiones descomunales; lejos de arredrarse, el CEO se remangó y comenzó las reformas atacando en dos flancos: el más evidente, el saneamiento de las cuentas, pero el más complejo sin duda, el estratégico. ¿Cómo lograr que una firma de semejante solera volviera a números negros despertando la ilusión de su mercado? Aquí, seamos sinceros, nadie daba dos duros por la marca. Con Apple y Google capitaneando a sus anchas y Microsoft con la billetera llena abriéndose hueco, realmente no había muchas oportunidades.

200.000 unidades vendidas en los dos primeros días, y atentos al dato, porque esto sí que es significativo: se agotó el ‘stock’ en tiendas como la mismísima Amazon, en la que fue el ‘smartphone’ más vendido mientras era posible comprarlo

Pero había una grieta en ese muro de la impotencia. Y Chen la ha encontrado. El Passport –un smartphone que debe su nombre a que tiene exactamente las dimensiones de un pasaporte– salió a la venta la semana pasada y no hubo que contener mucho el aliento para descubrir si Chen tenía que hacer el petate y la firma bajar la persiana: el dispositivo arrasó en su estreno.

¿Cómo? ¿Qué? ¿Aquel ladrillo tosco y feo tenía un mercado? La carta extravagante de Chen ha funcionado. Por supuesto que sí: 200.000 unidades vendidas en los dos primeros días, y atentos al dato, porque esto sí que es significativo, se agotó el stock en tiendas como la mismísima Amazon, en la que fue el smartphone más vendido mientras era posible comprarlo. Y hay que tener en cuenta además, como destaca el analista John Gold, que se trata de un equipo de nicho, muy orientado al mundo de la empresa y con un mercado mucho más reducido que equipos como el iPhone o los Nexus.

Potente y simplemente efectivo

¿Qué ha sucedido entonces para que Passport abra las puertas a la esperanza en la compañía? Sería tentador pensar que el mercado se ha lanzado en plancha a por este dispositivo por considerar que podría tratarse del último equipo genuinamente original que comercializara la casa, pero no, realmente los de Waterloo han vuelto a jugar con la misma mano que los llevó a ser los líderes en su día.

Con el paso de los años olvidamos rápido, pero conviene recordar que BlackBerry fue un pionero en su día al estrenar el formato y funcionalidad (correo electrónico en el móvil) en un mercado que no estaba habituado a esto. En este caso, el que pegó primero sí lo hizo dos veces y las Curve y demás se convirtieron en un estándar que encumbró a los días más gloriosos a la compañía canadiense.

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