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Por Redacción

Bebés prematuros



La Semana del Bebé Prematuro, impulsada por UNICEF, incluyó en Mendoza la realización de diferentes actividades, entre ellas, la reunión de familiares de bebés nacidos antes de tiempo en la explanada de Casa de Gobierno con miembros de distintos Ministerios, municipios y Organizaciones no Gubernamentales, todos fundamentales a la hora de proveerles mejor calidad y expectativa de vida. El objetivo de poner esta temática en la agenda pública la primera semana de octubre de cada año, es poder abordarla desde una perspectiva de derechos y con la participación de todos los actores que involucra.


Conocer sobre el tema y encararlo en forma efectiva es primordial, ya que en el mundo y por año, 15 millones de bebés nacen demasiado pronto, de ellos más de un millón muere y muchos otros sufren algún tipo de discapacidad física, neurológica o educativa, lo que implica un alto costo para las familias y la sociedad. Sin embargo, con tratamientos actuales, eficaces y poco onerosos, un 75 % podría sobrevivir. Estos datos relevados por la Organización Mundial de la Salud son parte de un informe que además manifiesta que el nacimiento prematuro es la principal causa de mortalidad entre los recién nacidos – durante las primeras cuatro semanas de vida – y la segunda entre los niños menores de cinco años, después de la neumonía.


Se considera prematuro a un bebé que nace antes de cumplir 37 semanas de gestación y según su edad gestacional puede incluirse en tres subcategorías: prematuro extremo cuando nace antes de 28 semanas; muy prematuro si lo hace desde la semana 28 a la 32, o prematuro moderado o tardío si nace de la semana 32 a la 37. En este sentido, cabe destacar que el parto inducido o la cesárea no deben planificarse hasta cumplir las 39 semanas de gestación, salvo que se indiquen por razones médicas.


En la Argentina, 8 de cada 100 bebés nacen prematuros, es un número bajo si se tiene en cuenta que la tasa de este tipo de nacimientos oscila entre el 5 y el 18 % a nivel mundial, pero existe un crecimiento en los últimos 20 años. Ello se explica, en primera instancia, por el aumento de la edad materna y de los problemas de salud materna subyacentes, como la diabetes y la hipertensión; un mayor uso de los tratamientos contra la infecundidad, que dan lugar a una mayor tasa de embarazos múltiples; y los cambios en las prácticas obstétricas, como el aumento de las cesáreas que se realizan antes de que el embarazo llegue a término. Sin embargo, la mayoría de los partos que no se producen a tiempo pueden referir a una causa desconocida y ocurren de manera espontánea.


Existen otros problemas que se relacionan con el embarazo y que incrementan la posibilidad de contracciones anticipadas: un cuello uterino débil, anomalías congénitas del útero, antecedentes de parto prematuro, infecciones, como la urinaria; mala nutrición antes y durante el embarazo; y ruptura prematura de membranas. Otros factores que podrían ocasionar un parto prematuro son: mamá menor de 16 años o mayor de 35, falta de cuidados prenatales, consumo de tabaco, cocaína o anfetaminas y nivel socioeconómico bajo.


La OMS revela que existen grandes diferencias en las tasas de supervivencia de los bebés prematuros en función del lugar donde nacen: más del 90 % de los que lo hacen en países de ingresos bajos muere en los primeros días de vida, mientras que en los territorios de ingresos altos muere menos del 10 % de los bebés de la misma edad gestacional.


Por ello es primordial el acceso público a sistemas de salud que otorguen a la mujer mejor calidad de vida antes y durante el embarazo, como así también provean al bebé de todas las asistencias que precisa a lo largo de las etapas que debe superar.


En Mendoza hay hogares maternos en Godoy Cruz, Maipú, San Rafael y General Alvear, y pronto se inaugura uno en Malargüe, para que las mamás que viven lejos de los centros asistenciales y hospitales puedan vivir allí cuando se acerque su fecha probable de parto. El objetivo es que estén cerca de las maternidades y reciban a tiempo todos los controles necesarios. Esta es una de las formas activas más eficaces a la hora de prevenir.


En otro orden y en referencia a los signos más comunes de prematuridad, se resaltan: bajo peso y bajo tono muscular, menor actividad, patrones respiratorios anormales, vello corporal abundante, dificultad para succionar o coordinar deglución con respiración y por lo tanto, problemas para alimentarse; escroto pequeño, liso y testículos sin descender en niños y clítoris inflamado en las niñas; piel delgada, lisa, brillante y a menudo transparente, entre otros.


Dadas las problemáticas con las que nace, este bebé que llega antes de lo previsto requiere de cuidados especiales. Al carecer de grasa corporal no puede mantener la temperatura ni aún con abrigo, por ese motivo se utilizan incubadoras o calentadores radiantes. El hecho de estar a temperatura adecuada le ayuda a crecer más deprisa. Por otro lado, precisa nutrición especial, ya que suele pesar entre 500 y 2.500 gramos. La leche materna es una excelente fuente nutricional porque contiene proteínas que lo ayudan a desarrollarse y a luchar contra las infecciones, pero como no sabe succionar se le proporciona vía sonda, por lo general, junto a suplementos vitamínicos y minerales.


Además, la prematuridad puede tener efectos a largo plazo. Muchos bebés prematuros tienen problemas médicos, de desarrollo o de comportamiento, que continúan hasta la niñez o son permanentes. Cuanto más prematuro sea el bebé y más bajo sea su peso al nacer, mayor será el riesgo de complicaciones. No obstante, es imposible predecir el desenlace clínico a largo plazo de un bebé con base en la edad gestacional o el peso al nacer. Las posibles complicaciones pueden referir a displasia broncopulmonar, retraso en el crecimiento y desarrollo, retraso o discapacidad mental o física y retinopatía, pérdida de la visión o ceguera.


La prematurez es la principal causa de ingreso a las unidades de cuidados intensivos neonatales y ejerce una marcada influencia sobre la mortalidad infantil en menores de 1 año: más de 4.500 bebés prematuros fallecen cada año en nuestro país. Sin embargo, más de las tres cuartas partes de ellos pueden salvarse si se les prodiga cuidados sencillos, eficaces y económicos, como por ejemplo, administrar inyecciones de esteroides prenatales a las mamás que corren riesgo de parto prematuro, para fortalecer los pulmones del bebé; aplicar la técnica de la “madre canguro”, donde la madre sostiene al bebé desnudo en contacto directo con su piel y lo amamanta con frecuencia; y administrar antibióticos para tratar las infecciones del recién nacido, sin tener que recurrir a cuidados intensivos neonatales.


Cuanto más prolongado sea el embarazo, mayor será la probabilidad de sobrevivir. Al menos el 90% de los bebés que nacen en la semana 28 sobrevive. La mamá puede prevenir el adelanto de su parto si se encuentra en buen estado de salud antes de quedar embarazada, si recibe lo antes posible cuidados prenatales y si los continúa hasta el nacimiento del bebé. Es decir, recibir cuidados prenatales oportunos y buenos reduce la posibilidad de un parto prematuro.


Si se tiene en cuenta que la prematurez es una condición biológica cuyo origen en multifactorial, es preciso abordarla desde muchos lugares a la vez y siempre con la capacidad de entender que la mayoría de las personas que nacen con ella necesitan largos periodos de recuperación y plazos de seguimiento muy extensos. Para dar una cobertura acorde se necesitan equipos humanos y servicios especializados que respondan a distintas demandas, incluso las que presentan las familias.


Apoyarlas es importante porque un bebé prematuro implica mayor tiempo y esfuerzo que cuidar a un bebé que nace a término. Mayores y mejores cuidados es la clave para darles la posibilidad de crecer y desarrollarse, ambas cosas requieren del sistema de salud y de las familias.


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Bebés prematuros

La Semana del Bebé Prematuro, impulsada por UNICEF, incluyó en Mendoza la realización de diferentes actividades, entre ellas, la reunión de familiares de bebés nacidos antes de tiempo en la explanada de Casa de Gobierno con miembros de distintos Ministerios, municipios y Organizaciones no Gubernamentales, todos fundamentales a la hora de proveerles mejor calidad y expectativa de vida. El objetivo de poner esta temática en la agenda pública la primera semana de octubre de cada año, es poder abordarla desde una perspectiva de derechos y con la participación de todos los actores que involucra.

Conocer sobre el tema y encararlo en forma efectiva es primordial, ya que en el mundo y por año, 15 millones de bebés nacen demasiado pronto, de ellos más de un millón muere y muchos otros sufren algún tipo de discapacidad física, neurológica o educativa, lo que implica un alto costo para las familias y la sociedad. Sin embargo, con tratamientos actuales, eficaces y poco onerosos, un 75 % podría sobrevivir. Estos datos relevados por la Organización Mundial de la Salud son parte de un informe que además manifiesta que el nacimiento prematuro es la principal causa de mortalidad entre los recién nacidos – durante las primeras cuatro semanas de vida – y la segunda entre los niños menores de cinco años, después de la neumonía.

Se considera prematuro a un bebé que nace antes de cumplir 37 semanas de gestación y según su edad gestacional puede incluirse en tres subcategorías: prematuro extremo cuando nace antes de 28 semanas; muy prematuro si lo hace desde la semana 28 a la 32, o prematuro moderado o tardío si nace de la semana 32 a la 37. En este sentido, cabe destacar que el parto inducido o la cesárea no deben planificarse hasta cumplir las 39 semanas de gestación, salvo que se indiquen por razones médicas.

En la Argentina, 8 de cada 100 bebés nacen prematuros, es un número bajo si se tiene en cuenta que la tasa de este tipo de nacimientos oscila entre el 5 y el 18 % a nivel mundial, pero existe un crecimiento en los últimos 20 años. Ello se explica, en primera instancia, por el aumento de la edad materna y de los problemas de salud materna subyacentes, como la diabetes y la hipertensión; un mayor uso de los tratamientos contra la infecundidad, que dan lugar a una mayor tasa de embarazos múltiples; y los cambios en las prácticas obstétricas, como el aumento de las cesáreas que se realizan antes de que el embarazo llegue a término. Sin embargo, la mayoría de los partos que no se producen a tiempo pueden referir a una causa desconocida y ocurren de manera espontánea.

Existen otros problemas que se relacionan con el embarazo y que incrementan la posibilidad de contracciones anticipadas: un cuello uterino débil, anomalías congénitas del útero, antecedentes de parto prematuro, infecciones, como la urinaria; mala nutrición antes y durante el embarazo; y ruptura prematura de membranas. Otros factores que podrían ocasionar un parto prematuro son: mamá menor de 16 años o mayor de 35, falta de cuidados prenatales, consumo de tabaco, cocaína o anfetaminas y nivel socioeconómico bajo.

La OMS revela que existen grandes diferencias en las tasas de supervivencia de los bebés prematuros en función del lugar donde nacen: más del 90 % de los que lo hacen en países de ingresos bajos muere en los primeros días de vida, mientras que en los territorios de ingresos altos muere menos del 10 % de los bebés de la misma edad gestacional.

Por ello es primordial el acceso público a sistemas de salud que otorguen a la mujer mejor calidad de vida antes y durante el embarazo, como así también provean al bebé de todas las asistencias que precisa a lo largo de las etapas que debe superar.

En Mendoza hay hogares maternos en Godoy Cruz, Maipú, San Rafael y General Alvear, y pronto se inaugura uno en Malargüe, para que las mamás que viven lejos de los centros asistenciales y hospitales puedan vivir allí cuando se acerque su fecha probable de parto. El objetivo es que estén cerca de las maternidades y reciban a tiempo todos los controles necesarios. Esta es una de las formas activas más eficaces a la hora de prevenir.

En otro orden y en referencia a los signos más comunes de prematuridad, se resaltan: bajo peso y bajo tono muscular, menor actividad, patrones respiratorios anormales, vello corporal abundante, dificultad para succionar o coordinar deglución con respiración y por lo tanto, problemas para alimentarse; escroto pequeño, liso y testículos sin descender en niños y clítoris inflamado en las niñas; piel delgada, lisa, brillante y a menudo transparente, entre otros.

Dadas las problemáticas con las que nace, este bebé que llega antes de lo previsto requiere de cuidados especiales. Al carecer de grasa corporal no puede mantener la temperatura ni aún con abrigo, por ese motivo se utilizan incubadoras o calentadores radiantes. El hecho de estar a temperatura adecuada le ayuda a crecer más deprisa. Por otro lado, precisa nutrición especial, ya que suele pesar entre 500 y 2.500 gramos. La leche materna es una excelente fuente nutricional porque contiene proteínas que lo ayudan a desarrollarse y a luchar contra las infecciones, pero como no sabe succionar se le proporciona vía sonda, por lo general, junto a suplementos vitamínicos y minerales.

Además, la prematuridad puede tener efectos a largo plazo. Muchos bebés prematuros tienen problemas médicos, de desarrollo o de comportamiento, que continúan hasta la niñez o son permanentes. Cuanto más prematuro sea el bebé y más bajo sea su peso al nacer, mayor será el riesgo de complicaciones. No obstante, es imposible predecir el desenlace clínico a largo plazo de un bebé con base en la edad gestacional o el peso al nacer. Las posibles complicaciones pueden referir a displasia broncopulmonar, retraso en el crecimiento y desarrollo, retraso o discapacidad mental o física y retinopatía, pérdida de la visión o ceguera.

La prematurez es la principal causa de ingreso a las unidades de cuidados intensivos neonatales y ejerce una marcada influencia sobre la mortalidad infantil en menores de 1 año: más de 4.500 bebés prematuros fallecen cada año en nuestro país. Sin embargo, más de las tres cuartas partes de ellos pueden salvarse si se les prodiga cuidados sencillos, eficaces y económicos, como por ejemplo, administrar inyecciones de esteroides prenatales a las mamás que corren riesgo de parto prematuro, para fortalecer los pulmones del bebé; aplicar la técnica de la “madre canguro”, donde la madre sostiene al bebé desnudo en contacto directo con su piel y lo amamanta con frecuencia; y administrar antibióticos para tratar las infecciones del recién nacido, sin tener que recurrir a cuidados intensivos neonatales.

Cuanto más prolongado sea el embarazo, mayor será la probabilidad de sobrevivir. Al menos el 90% de los bebés que nacen en la semana 28 sobrevive. La mamá puede prevenir el adelanto de su parto si se encuentra en buen estado de salud antes de quedar embarazada, si recibe lo antes posible cuidados prenatales y si los continúa hasta el nacimiento del bebé. Es decir, recibir cuidados prenatales oportunos y buenos reduce la posibilidad de un parto prematuro.

Si se tiene en cuenta que la prematurez es una condición biológica cuyo origen en multifactorial, es preciso abordarla desde muchos lugares a la vez y siempre con la capacidad de entender que la mayoría de las personas que nacen con ella necesitan largos periodos de recuperación y plazos de seguimiento muy extensos. Para dar una cobertura acorde se necesitan equipos humanos y servicios especializados que respondan a distintas demandas, incluso las que presentan las familias.

Apoyarlas es importante porque un bebé prematuro implica mayor tiempo y esfuerzo que cuidar a un bebé que nace a término. Mayores y mejores cuidados es la clave para darles la posibilidad de crecer y desarrollarse, ambas cosas requieren del sistema de salud y de las familias.

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