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Por Redacción

Basurales: un problema de nunca acabar



Las políticas aplicadas a la erradicación de basurales a cielo abierto y la consecuente reinserción de las personas que literalmente viven de la basura parecen ser insuficientes en la provincia. Es que todavía, según comprobó El Ciudadano, unas 150 familias del gran Mendoza se siguen dedicando al reciclaje del desperdicio acumulado en El Pozo, de Godoy Cruz, y en El Borbollón, de Las Heras.

En el Valle de Uco la situación no es muy diferente. De acuerdo a un informe realizado por cinco agrupaciones dedicadas al activismo ecológico, en Tunuyán y San Carlos, los basurales son el sustento de otras 100 familias que a diario conviven con la suciedad que la misma sociedad genera. “En el 2009 nos comunicaron que iban a eliminar el basural y nos iban a dar trabajo a las personas que vivimos del reciclaje. No pasó nada. El año pasado vinieron a decirnos lo mismo y hoy, acá estamos. Sé que a algunas personas las ubicaron en la Municipalidad como barrenderos, pero acá y en San Carlos somos muchos los que trabajamos separando cartón, plástico, y vidrio”, comentó Raúl, un conocido cartonero de La Consulta.

“La idea es realizar plantas de transferencias y de separación de residuos, para que a la hora de hacer los traslados al COINCE, los desechos lleguen compactados y reciclados. Pero el objetivo final es erradicar los basurales a cielo abierto que hay en distintos puntos de los departamentos del Valle de Uco”, reconoció dos meses atrás, el intendente de Tunuyán Martín Aveiro.

Sin embargo, más allá de los esfuerzos por parte del Estado a la tarea de erradicar estos focos urbanos de infección y contaminación, es evidente (ver fotos) que muchas familias conscientes de los peligros a los que se exponen, aún eligen trabajar en las peores condiciones posibles.

Lo más preocupante del caso son los menores que, a diario, colaboran en este tipo de tareas insalubres. “Todos los días se ven chicos juntando vidrios, separando cartón, recogiendo plástico y comiendo en estos espacios. Ellos lo hacen por las monedas que les da una chacarita que está acá cerca, pero la verdad que acá todos saben y no dicen es que trabajan para un adulto que nunca está presente en El Pozo”, dice Alicia Rosales, vecina del barrio Campo Pappa.

Por su parte, Eduardo González, jefe de Gabinete del Ministerio de Desarrollo Social, reconoció ante la prensa que el trabajo en El Pozo es parte de un proceso cultural que no se termina dándole empleo a una persona. “Personalmente conozco un caso de una familia en la que el papá está trabajando formalmente pero sus hijos volvieron a romper bolsas de basura. A veces, compran camiones para que descarguen en la casa y allí reciclan. O sea, todavía nos quedan personas para incluir”, dijo.


Una cuestión ambiental y humana

Eduardo Sosa, titular de la red ambientalista Oikos y tutor de la carrera de Gestión Ambiental de la Universidad de Congreso puso en el tapete la problemática de los basurales a cielo abierto en Mendoza. En concreto, se refirió a la situación de los vertederos de Puente de Hierro y El Pozo por tratarse de los más contaminantes y extensos de la provincia, pero que a su vez funcionan como fuente de trabajo de muchas personas que habitan en sus inmediaciones.

“Los vertederos abiertos significan tres grandes riesgos para el ecosistema de nuestro oasis. En primer lugar, la contaminación del suelo, la descomposición de productos orgánicos e inorgánicos y la lixiviación de sustancias tóxicas (pilas, baterías, metales pesados, etcétera) hacia las capas inferiores. En segundo lugar, la contaminación del agua (tanto la subterránea por la infiltración y absorción del suelo, como superficial en canales de riego cercanos, como sucede en el caso del canal Pescara con el basural de Puente de Hierro. En tercer lugar, la contaminación del aire, mediante la combustión de residuos, es decir, durante la quema de basura (que se realiza una o dos veces por semana), se liberan sustancias de alta toxicidad que provocan daños irreparables en la salud respiratoria de los trabajadores del lugar y vecinos”, finalizó el ecologista, que desde hace cinco años trabaja en basurales locales.

Es de destacar, que todas las acciones que se realizan de las distintas instituciones no tendrán mucha validez, si los mendocinos siguen tirando los residuos de sus hogares en estos lugares. La falta de conciencia se suma a esta grave problemática./ Orlando Tirapu


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Basurales: un problema de nunca acabar

Las políticas aplicadas a la erradicación de basurales a cielo abierto y la consecuente reinserción de las personas que literalmente viven de la basura parecen ser insuficientes en la provincia. Es que todavía, según comprobó El Ciudadano, unas 150 familias del gran Mendoza se siguen dedicando al reciclaje del desperdicio acumulado en El Pozo, de Godoy Cruz, y en El Borbollón, de Las Heras.
En el Valle de Uco la situación no es muy diferente. De acuerdo a un informe realizado por cinco agrupaciones dedicadas al activismo ecológico, en Tunuyán y San Carlos, los basurales son el sustento de otras 100 familias que a diario conviven con la suciedad que la misma sociedad genera. “En el 2009 nos comunicaron que iban a eliminar el basural y nos iban a dar trabajo a las personas que vivimos del reciclaje. No pasó nada. El año pasado vinieron a decirnos lo mismo y hoy, acá estamos. Sé que a algunas personas las ubicaron en la Municipalidad como barrenderos, pero acá y en San Carlos somos muchos los que trabajamos separando cartón, plástico, y vidrio”, comentó Raúl, un conocido cartonero de La Consulta.
“La idea es realizar plantas de transferencias y de separación de residuos, para que a la hora de hacer los traslados al COINCE, los desechos lleguen compactados y reciclados. Pero el objetivo final es erradicar los basurales a cielo abierto que hay en distintos puntos de los departamentos del Valle de Uco”, reconoció dos meses atrás, el intendente de Tunuyán Martín Aveiro.
Sin embargo, más allá de los esfuerzos por parte del Estado a la tarea de erradicar estos focos urbanos de infección y contaminación, es evidente (ver fotos) que muchas familias conscientes de los peligros a los que se exponen, aún eligen trabajar en las peores condiciones posibles.
Lo más preocupante del caso son los menores que, a diario, colaboran en este tipo de tareas insalubres. “Todos los días se ven chicos juntando vidrios, separando cartón, recogiendo plástico y comiendo en estos espacios. Ellos lo hacen por las monedas que les da una chacarita que está acá cerca, pero la verdad que acá todos saben y no dicen es que trabajan para un adulto que nunca está presente en El Pozo”, dice Alicia Rosales, vecina del barrio Campo Pappa.
Por su parte, Eduardo González, jefe de Gabinete del Ministerio de Desarrollo Social, reconoció ante la prensa que el trabajo en El Pozo es parte de un proceso cultural que no se termina dándole empleo a una persona. “Personalmente conozco un caso de una familia en la que el papá está trabajando formalmente pero sus hijos volvieron a romper bolsas de basura. A veces, compran camiones para que descarguen en la casa y allí reciclan. O sea, todavía nos quedan personas para incluir”, dijo.

Una cuestión ambiental y humana
Eduardo Sosa, titular de la red ambientalista Oikos y tutor de la carrera de Gestión Ambiental de la Universidad de Congreso puso en el tapete la problemática de los basurales a cielo abierto en Mendoza. En concreto, se refirió a la situación de los vertederos de Puente de Hierro y El Pozo por tratarse de los más contaminantes y extensos de la provincia, pero que a su vez funcionan como fuente de trabajo de muchas personas que habitan en sus inmediaciones.
“Los vertederos abiertos significan tres grandes riesgos para el ecosistema de nuestro oasis. En primer lugar, la contaminación del suelo, la descomposición de productos orgánicos e inorgánicos y la lixiviación de sustancias tóxicas (pilas, baterías, metales pesados, etcétera) hacia las capas inferiores. En segundo lugar, la contaminación del agua (tanto la subterránea por la infiltración y absorción del suelo, como superficial en canales de riego cercanos, como sucede en el caso del canal Pescara con el basural de Puente de Hierro. En tercer lugar, la contaminación del aire, mediante la combustión de residuos, es decir, durante la quema de basura (que se realiza una o dos veces por semana), se liberan sustancias de alta toxicidad que provocan daños irreparables en la salud respiratoria de los trabajadores del lugar y vecinos”, finalizó el ecologista, que desde hace cinco años trabaja en basurales locales.
Es de destacar, que todas las acciones que se realizan de las distintas instituciones no tendrán mucha validez, si los mendocinos siguen tirando los residuos de sus hogares en estos lugares. La falta de conciencia se suma a esta grave problemática./ Orlando Tirapu

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