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Por Redacción
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Balotaje: qué se tiene que dar y qué no



La reforma constitucional de 1994 fue la que estableció el mecanismo de ballotage o segunda vuelta electoral, que hasta ahora nunca se puso en práctica.


Las reglas establecidas en la Constitución son las siguientes:


*) Si un candidato supera el 45 por ciento de los votos gana en primera vuelta, sea cual sea la diferencia con el segundo. En ese caso no hay ballotage.


*) Si ningún candidato alcanza el 40 por ciento de los votos, la elección se define en un ballotage entre los dos más votados. Tampoco importa en ese caso la diferencia que haya entre el primero y el segundo.


*) Si un candidato saca entre el 40 y el 45 por ciento y obtiene, además, una diferencia sobre el segundo de diez puntos porcentuales o más, también se consagra en primera vuelta sin necesidad de ballotage.


Se trata de un esquema bastante atípico. En general, las democracias constitucionales que prevén definiciones en ballotage o segunda vuelta contemplan una sola forma de evitar esta “final mano a mano”: que uno de los candidatos supere el 50 por ciento de los votos.


Cabe recordar que en 2003 debería haber habido ballotage en Argentina. No lo hubo porque se bajó Carlos Menem.


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Balotaje: qué se tiene que dar y qué no

La reforma constitucional de 1994 fue la que estableció el mecanismo de ballotage o segunda vuelta electoral, que hasta ahora nunca se puso en práctica.

Las reglas establecidas en la Constitución son las siguientes:

*) Si un candidato supera el 45 por ciento de los votos gana en primera vuelta, sea cual sea la diferencia con el segundo. En ese caso no hay ballotage.

*) Si ningún candidato alcanza el 40 por ciento de los votos, la elección se define en un ballotage entre los dos más votados. Tampoco importa en ese caso la diferencia que haya entre el primero y el segundo.

*) Si un candidato saca entre el 40 y el 45 por ciento y obtiene, además, una diferencia sobre el segundo de diez puntos porcentuales o más, también se consagra en primera vuelta sin necesidad de ballotage.

Se trata de un esquema bastante atípico. En general, las democracias constitucionales que prevén definiciones en ballotage o segunda vuelta contemplan una sola forma de evitar esta “final mano a mano”: que uno de los candidatos supere el 50 por ciento de los votos.

Cabe recordar que en 2003 debería haber habido ballotage en Argentina. No lo hubo porque se bajó Carlos Menem.

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