ciudadanodiario.com.ar
Baja visión y bastones verdes en el Notti
Cargando...
Por Redacción

Baja visión y bastones verdes en el Notti



Con el objetivo de mejorar la vida de los pequeños que padecen esta problemática, desde este viernes el Hospital Notti pone sus profesionales a disposición de los afectados. El Centro de Baja Visión pretende reducir al mínimo los efectos de las limitaciones visuales de los niños que asisten al nosocomio para mejorar la calidad de vida en un marco de total autonomía.


En este sentido, un equipo interdisciplinario de profesionales trabaja para utilizar al máximo el resto visual a través del uso de ayudas ópticas, electrónicas y técnicas de optimización de la visión. El programa Baja Visión y Bastones Verdes, a cargo de Alejandra Verjelín, implica compromiso médico pero requiere, además, de la responsabilidad y atención de padres y docentes.


Según la Organización Mundial de la Salud (OSM), una persona con baja visión es aquella que tras refracción y/o tratamiento, presenta una agudeza visual menor de 3/10 (tres décimas) de percepción luminosa en su mejor ojo o un campo visual central menor de 10 grados alrededor de su punto de fijación; pero a su vez, esta persona posee la capacidad de utilizar la visión que le resta para planear o ejecutar una tarea.


La baja visión no es una enfermedad sino una consecuencia de su limitación visual. Es una problemática que adquiere cada vez más relevancia porque se estima que en el mundo hay 282 millones de personas con discapacidad visual, de las cuales 39 millones tienen ceguera y 246 millones presentan baja visión. En Argentina se estima que alrededor de dos millones y medio de personas poseen alguna discapacidad; el 14 % de ellas manifiesta sólo discapacidad visual pero el 26 % tiene dos o más discapacidades.


El futuro dista de ser alentador, se considera que la tendencia a sufrir baja visión va en aumento por el envejecimiento de todas las poblaciones. No obstante, existe un dato positivo: las intervenciones quirúrgicas son eficaces y posibilitan la eliminación de la ceguera, aunque aún dejan un gran número de pacientes con déficit visual.


Dadas estas perspectivas mundiales negativas el Centro de Tratamiento y Orientación del Hospital Notti adquiere más relevancia. Su fin es rehabilitar en forma funcional a niños de 0 a 14 años con limitación visual, ya sea con ceguera o baja visión, para que puedan desplazarse de manera segura e independiente. Se pretende que estos pequeños, que pueden ser de Mendoza o de las provincias del Centro Oeste del país, desarrollen sus actividades cotidianas de manera autónoma. Para ello, también cuenta con 20 nuevos bastones verdes de diferentes tamaños que son los que utilizan aquellos que poseen baja visión, con la misma función que cumplen los bastones blancos para quienes son no videntes.


Respecto del abordaje de la problemática en los niños, cabe destacar que consiste en sesiones de estimulación visual en base a programas de desarrollo de la eficiencia visual adecuados según la edad; ello se realiza mediante la enseñanza del uso de recursos ópticos y no ópticos, entre ellos, el uso del bastón verde.


Es importante saber que existe un importante grupo de afecciones que causan baja visión en los pequeños. Como gran parte de estas enfermedades son hereditarias, niños que presentan visión normal durante sus primeros años pueden portar información que indique al oftalmólogo un alto riesgo de desarrollar una alteración que resulte en baja visión. En este grupo de pacientes, el trabajo de los profesionales de la salud apunta a retardar el desarrollo de la afección visual.


Las principales alteraciones que generan baja visión en la infancia se asocian a problemas de deslumbramiento, fotofobia y/o pérdida de sensibilidad al contraste, pérdida de visión nocturna, reducción del campo visual y disminución de la agudeza visual, entre otras. Algunas de estas alteraciones afectan en forma específica a la agudeza visual mientras otras lo hacen en mayor medida al campo visual. Por eso es fundamental acudir al oftalmólogo para garantizar un diagnóstico a tiempo y aprovechar las diversas opciones que existen para colaborar con el bienestar y el confort visual de estos niños; y para retrasar el daño a los tejidos en pequeños con predisposición genética.


Es bueno conocer que la radiación que más perjuicio produce sobre la retina es la de longitud de onda corta, la de mayor energía en el espectro de interés: luz ultravioleta, violeta y azul. Esta radiación no sólo es la de mayor daño potencial sino que también es difícil de percibir por el ojo humano. Sin embargo, el ojo tiene algunos mecanismos para protegerse de ella, como por ejemplo, la filtración que ejercen la córnea y el cristalino. Pero ocurre que esta protección natural es mucho menor en la infancia que en la adultez porque en la primera parte de la vida los tejidos son más transparentes.


Otro mecanismo natural de protección de la retina consiste en la presencia de pigmentos como la melanina y los carotenoides en el Epitelio Pigmentario de la Retina. La mayoría de los síntomas que presentan los niños con baja visión se relacionan con modificaciones en estos pigmentos naturales. Por ello es que la retina queda más expuesta al daño que genera la luz de onda corta y el paciente sufre molestias por deslumbramiento. Se aconseja en estos casos el uso de filtros que, además de proteger, mejoran la capacidad visual afectada por el deslumbramiento y aumentan la sensibilidad de contraste.


Cuando el paciente con baja visión sufre una ametropía (disminución de la agudeza visual), es preciso lograr la mejor corrección posible, la que sólo se logra con una adecuada receta oftalmológica; por eso es relevante que los adultos presten atención a las anomalías que pueden tener los pequeños sin que éstos ni siquiera las noten, muchos niños recién toman conciencia de la diferencia entre ver bien y no hacerlo cuando se colocan la lente correcta.


Cuando la agudeza visual del paciente es muy baja se busca ampliar la imagen retiniana con diferentes recursos, el más simple de ellos es transformar el tamaño de los objetos. En estos caso la maestra, por ejemplo, puede ofrecer libros con letras grandes o fotocopias amplificadas, también se puede acercar el objeto al ojo o utilizar algún elemento óptico o electrónico.


En conclusión, existen muchas ayudas para pacientes con baja visión que permiten obtener muy interesantes oportunidades para la adaptación en niños y contribuir a su salud visual. Es primordial comprender el rol fundamental que los adultos tienen para detectar la baja visión y acercar al pequeño al profesional que pueda diagnosticar y tratar a tiempo cualquier complicación existente.


Si necesita más información sobre el programa Baja Visión y Bastones Verdes del Hospital Notti, puede asistir al nosocomio o informarse a través de la página web http://www.hospinotti.mendoza.gov.ar/.


comentarios

Compartir en facebook
Compartir en twitter

Baja visión y bastones verdes en el Notti

Con el objetivo de mejorar la vida de los pequeños que padecen esta problemática, desde este viernes el Hospital Notti pone sus profesionales a disposición de los afectados. El Centro de Baja Visión pretende reducir al mínimo los efectos de las limitaciones visuales de los niños que asisten al nosocomio para mejorar la calidad de vida en un marco de total autonomía.

En este sentido, un equipo interdisciplinario de profesionales trabaja para utilizar al máximo el resto visual a través del uso de ayudas ópticas, electrónicas y técnicas de optimización de la visión. El programa Baja Visión y Bastones Verdes, a cargo de Alejandra Verjelín, implica compromiso médico pero requiere, además, de la responsabilidad y atención de padres y docentes.

Según la Organización Mundial de la Salud (OSM), una persona con baja visión es aquella que tras refracción y/o tratamiento, presenta una agudeza visual menor de 3/10 (tres décimas) de percepción luminosa en su mejor ojo o un campo visual central menor de 10 grados alrededor de su punto de fijación; pero a su vez, esta persona posee la capacidad de utilizar la visión que le resta para planear o ejecutar una tarea.

La baja visión no es una enfermedad sino una consecuencia de su limitación visual. Es una problemática que adquiere cada vez más relevancia porque se estima que en el mundo hay 282 millones de personas con discapacidad visual, de las cuales 39 millones tienen ceguera y 246 millones presentan baja visión. En Argentina se estima que alrededor de dos millones y medio de personas poseen alguna discapacidad; el 14 % de ellas manifiesta sólo discapacidad visual pero el 26 % tiene dos o más discapacidades.

El futuro dista de ser alentador, se considera que la tendencia a sufrir baja visión va en aumento por el envejecimiento de todas las poblaciones. No obstante, existe un dato positivo: las intervenciones quirúrgicas son eficaces y posibilitan la eliminación de la ceguera, aunque aún dejan un gran número de pacientes con déficit visual.

Dadas estas perspectivas mundiales negativas el Centro de Tratamiento y Orientación del Hospital Notti adquiere más relevancia. Su fin es rehabilitar en forma funcional a niños de 0 a 14 años con limitación visual, ya sea con ceguera o baja visión, para que puedan desplazarse de manera segura e independiente. Se pretende que estos pequeños, que pueden ser de Mendoza o de las provincias del Centro Oeste del país, desarrollen sus actividades cotidianas de manera autónoma. Para ello, también cuenta con 20 nuevos bastones verdes de diferentes tamaños que son los que utilizan aquellos que poseen baja visión, con la misma función que cumplen los bastones blancos para quienes son no videntes.

Respecto del abordaje de la problemática en los niños, cabe destacar que consiste en sesiones de estimulación visual en base a programas de desarrollo de la eficiencia visual adecuados según la edad; ello se realiza mediante la enseñanza del uso de recursos ópticos y no ópticos, entre ellos, el uso del bastón verde.

Es importante saber que existe un importante grupo de afecciones que causan baja visión en los pequeños. Como gran parte de estas enfermedades son hereditarias, niños que presentan visión normal durante sus primeros años pueden portar información que indique al oftalmólogo un alto riesgo de desarrollar una alteración que resulte en baja visión. En este grupo de pacientes, el trabajo de los profesionales de la salud apunta a retardar el desarrollo de la afección visual.

Las principales alteraciones que generan baja visión en la infancia se asocian a problemas de deslumbramiento, fotofobia y/o pérdida de sensibilidad al contraste, pérdida de visión nocturna, reducción del campo visual y disminución de la agudeza visual, entre otras. Algunas de estas alteraciones afectan en forma específica a la agudeza visual mientras otras lo hacen en mayor medida al campo visual. Por eso es fundamental acudir al oftalmólogo para garantizar un diagnóstico a tiempo y aprovechar las diversas opciones que existen para colaborar con el bienestar y el confort visual de estos niños; y para retrasar el daño a los tejidos en pequeños con predisposición genética.

Es bueno conocer que la radiación que más perjuicio produce sobre la retina es la de longitud de onda corta, la de mayor energía en el espectro de interés: luz ultravioleta, violeta y azul. Esta radiación no sólo es la de mayor daño potencial sino que también es difícil de percibir por el ojo humano. Sin embargo, el ojo tiene algunos mecanismos para protegerse de ella, como por ejemplo, la filtración que ejercen la córnea y el cristalino. Pero ocurre que esta protección natural es mucho menor en la infancia que en la adultez porque en la primera parte de la vida los tejidos son más transparentes.

Otro mecanismo natural de protección de la retina consiste en la presencia de pigmentos como la melanina y los carotenoides en el Epitelio Pigmentario de la Retina. La mayoría de los síntomas que presentan los niños con baja visión se relacionan con modificaciones en estos pigmentos naturales. Por ello es que la retina queda más expuesta al daño que genera la luz de onda corta y el paciente sufre molestias por deslumbramiento. Se aconseja en estos casos el uso de filtros que, además de proteger, mejoran la capacidad visual afectada por el deslumbramiento y aumentan la sensibilidad de contraste.

Cuando el paciente con baja visión sufre una ametropía (disminución de la agudeza visual), es preciso lograr la mejor corrección posible, la que sólo se logra con una adecuada receta oftalmológica; por eso es relevante que los adultos presten atención a las anomalías que pueden tener los pequeños sin que éstos ni siquiera las noten, muchos niños recién toman conciencia de la diferencia entre ver bien y no hacerlo cuando se colocan la lente correcta.

Cuando la agudeza visual del paciente es muy baja se busca ampliar la imagen retiniana con diferentes recursos, el más simple de ellos es transformar el tamaño de los objetos. En estos caso la maestra, por ejemplo, puede ofrecer libros con letras grandes o fotocopias amplificadas, también se puede acercar el objeto al ojo o utilizar algún elemento óptico o electrónico.

En conclusión, existen muchas ayudas para pacientes con baja visión que permiten obtener muy interesantes oportunidades para la adaptación en niños y contribuir a su salud visual. Es primordial comprender el rol fundamental que los adultos tienen para detectar la baja visión y acercar al pequeño al profesional que pueda diagnosticar y tratar a tiempo cualquier complicación existente.

Si necesita más información sobre el programa Baja Visión y Bastones Verdes del Hospital Notti, puede asistir al nosocomio o informarse a través de la página web http://www.hospinotti.mendoza.gov.ar/.

comentarios

Login