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Arte desde el silencio
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Por Redacción

Arte desde el silencio



Alfredo Gálvez apenas ha superado los 30 años y ya es reconocido en el ámbito de la escena teatral y social de Mendoza. Es profe de Teatro, y además de formar parte de elencos como De Sol a Sol, da clases a los niños de El Borbollón y es el responsable de las clases de teatro de la Asociación de Sordos de Mendoza.


Antes de hablar de esa experiencia buceamos en su vocación. “Con el teatro pasa algo interesante con respeto al laburo, porque uno empieza a estudiar y a los cuatro o cinco meses si un profe o alguien de la facultad ve que tenés condiciones empezás a trabajar”, resume Gálvez que ha subido a las tablas con distintos elencos como el de Lita Tancredi, la Rueda de los Deseos, y De Sol a Sol, grupo que actualmente integra.


Vendedor de ilusiones


Alfredo no tuvo una infancia fácil, pero lejos de estigmatizarlo esta circunstancia lo hizo más fuerte de lo que él mismo cree: un papá ausente y una mamá luchadora, una abuela guía y un tío ejemplo han dejado marcas imborrables en su historia que lo definen como ser humano.


“Desde chico soy vendedor por una cuestión económica. Mi mamá no tenía cómo sustentarnos, se quedó sin trabajo y con lo que le quedó de dinero compró una máquina de coser y yo salí a vender delantales y repasadores hechos por ella. Así, desde los 7 años iba a la escuela y el resto del tiempo trabajaba como vendedor ambulante”, recuerda orgulloso, y reflexiona: “Mi vieja se hizo sola, mi viejo no se hizo cargo de mí, creo que el hombre que la acompañe tiene que ser ‘muy hombre’ para estar al lado de una mujer así…”.


Otro sitio, otra oportunidad


La vida los llevó a Neuquén y luego de cumplir sus 18 años se vino a Mendoza con la idea de trabajar en la construcción. “Vengo de una familia de albañiles”, relata, pero fue su tío Gustavo quien le ayudó a priorizar el estudio y así ingresó a la Universidad Nacional de Cuyo para estudiar el profesorado de Teatro. Más tarde llegaría la toma del teatro Mendoza, lucha en la que se involucró totalmente siendo uno de quienes resistían desde adentro el vaciamiento de una histórica sala, y una de las más importantes de Mendoza.


Primer cruce con la discapacidad


Las vueltas de la vida lo llevaron nuevamente a Neuquén y allí no sólo pudo poner en práctica su vocación, sino también su oficio de vendedor. Como clown se especializó en globología, continuó sus estudios en un terciario y dio clases en un instituto al que asistían chicos con diferentes discapacidades.


“Esa fue mi primera experiencia de un taller en un año donde lo que quería conseguir era que los chicos pudiesen vivenciar a través de las herramientas del teatro simples situaciones de la vida cotidiana”, dice Alfredo, y asegura: “Aprendés a trabajar con discapacidad sobre la marcha y tenés que ir muy despacio. Tengo mucho que aprender todavía”.


Arte e inclusión


A su regreso a Mendoza, Gálvez fue convocado por Desarrollo Social para llevar adelante talleres de teatro con los niños del Centro de Actividad de El Borbollón, donde trabaja todos los sábados en la mañana y en donde incursiona todas las aristas de la expresión con chicos que viven en un contexto hostil.


Más tarde, invitado por un profesor del Lengua de una escuela especial, Alfredo tuvo su primer acercamiento a la comunidad sorda con la posibilidad de compartir un semestre con chicos hipoacúsicos, que en conjunto crearon una obra relacionada con la importancia o no del implante coclear, obra que sirvió para que los adolescentes plantearan su postura, a diferencia de sus padres.


Con el “sí” fácil para ayudar


“Mucho de mi vida se ha basado en prueba y error. Yo he estudiado mucho clown, el payaso dice a todo que sí y mucho de lo que he hecho en mi vida ha sido el resultado de prueba y error”. Y en ese decir que sí a todo, Alfredo terminó involucrado en un proyecto de teatro y escenografía para sordos, en el marco de los proyectos de extensión universitaria  Prof. Mauricio López, de la Universidad Nacional de Cuyo. De esta manera, hace más de un año se convirtió en el profesor de Teatro de la Asociación de Sordos de Mendoza, donde cada viernes trabaja con un grupo de chicos y otros no tan chicos.


“Andrea Zucari es quien me convocó, pero además quien se puso el proyecto al hombro”, cuenta Alfredo, plan que involucra a varios docentes y que en un primer momento tuvo como objetivo “prevenir y alejar a los chicos de las adicciones o de contextos de adicciones en esta comunidad como en la sociedad existe”.


El joven actor cuenta cómo, intérprete de por medio, intentaron llevar adelante una obra de teatro, lo que se dificultó por la falta de interés real y por la inestabilidad del grupo, que no terminaba de conformarse.


Pero después de mostrarles un corto de sordos, encendió el entusiasmo de todos dentro y fuera de la asociación y de esta manera nació el primer corto de la comunidad de sordos de Mendoza con la ayuda del equipo de Un Caracol Producciones, a cargo del rodaje y la edición del mismo.


“Filmamos el corto en una noche y participaron no sólo los chicos de la comunidad sorda, sino también amigos que se coparon con el hecho de poder dejar un mensaje sobre las adicciones”.


Desafíos 2015


Este año, el grupo conformado por más de diez personas redobla la apuesta e intenta llegar no sólo a quienes tienen la hipoacusia como discapacidad, sino a quienes deseen compartir el mismo espacio cultural y artístico para aprender teatro, escenografía, maquillaje, clown, malabares, medios audiovisuales, fotografía  tela y acrobacia.


“Y ahora estamos pensando en incluir candombe”, cuenta entusiasmado, por los excelentes resultados del año pasado. “Este año todo está apuntado a producir un programa de TV exclusivo para la cultura sorda, ya que no tienen productos pensados para ellos; la idea es armar un programa piloto. Y además tengo el proyecto de armar un festival de mimo y pantomima, y sería muy simbólico que fuera en la asociación”, relata el profesor.


“Son actores natos, con una capacidad impresionante para actuar, tienen mucho más desarrollada su expresión corporal. Hay cosas en las que me demoré un montón de tiempo en hacer y ellos lo consiguen en minutos en un escenario. Trabajar con ellos me llena la semana de felicidad”, concluye Alfredo con orgullo./Rebeca Rodriguez


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Alfredo Gálvez apenas ha superado los 30 años y ya es reconocido en el ámbito de la escena teatral y social de Mendoza. Es profe de Teatro, y además de formar parte de elencos como De Sol a Sol, da clases a los niños de El Borbollón y es el responsable de las clases de teatro de la Asociación de Sordos de Mendoza.

Antes de hablar de esa experiencia buceamos en su vocación. “Con el teatro pasa algo interesante con respeto al laburo, porque uno empieza a estudiar y a los cuatro o cinco meses si un profe o alguien de la facultad ve que tenés condiciones empezás a trabajar”, resume Gálvez que ha subido a las tablas con distintos elencos como el de Lita Tancredi, la Rueda de los Deseos, y De Sol a Sol, grupo que actualmente integra.

Vendedor de ilusiones

Alfredo no tuvo una infancia fácil, pero lejos de estigmatizarlo esta circunstancia lo hizo más fuerte de lo que él mismo cree: un papá ausente y una mamá luchadora, una abuela guía y un tío ejemplo han dejado marcas imborrables en su historia que lo definen como ser humano.

“Desde chico soy vendedor por una cuestión económica. Mi mamá no tenía cómo sustentarnos, se quedó sin trabajo y con lo que le quedó de dinero compró una máquina de coser y yo salí a vender delantales y repasadores hechos por ella. Así, desde los 7 años iba a la escuela y el resto del tiempo trabajaba como vendedor ambulante”, recuerda orgulloso, y reflexiona: “Mi vieja se hizo sola, mi viejo no se hizo cargo de mí, creo que el hombre que la acompañe tiene que ser ‘muy hombre’ para estar al lado de una mujer así…”.

Otro sitio, otra oportunidad

La vida los llevó a Neuquén y luego de cumplir sus 18 años se vino a Mendoza con la idea de trabajar en la construcción. “Vengo de una familia de albañiles”, relata, pero fue su tío Gustavo quien le ayudó a priorizar el estudio y así ingresó a la Universidad Nacional de Cuyo para estudiar el profesorado de Teatro. Más tarde llegaría la toma del teatro Mendoza, lucha en la que se involucró totalmente siendo uno de quienes resistían desde adentro el vaciamiento de una histórica sala, y una de las más importantes de Mendoza.

Primer cruce con la discapacidad

Las vueltas de la vida lo llevaron nuevamente a Neuquén y allí no sólo pudo poner en práctica su vocación, sino también su oficio de vendedor. Como clown se especializó en globología, continuó sus estudios en un terciario y dio clases en un instituto al que asistían chicos con diferentes discapacidades.

“Esa fue mi primera experiencia de un taller en un año donde lo que quería conseguir era que los chicos pudiesen vivenciar a través de las herramientas del teatro simples situaciones de la vida cotidiana”, dice Alfredo, y asegura: “Aprendés a trabajar con discapacidad sobre la marcha y tenés que ir muy despacio. Tengo mucho que aprender todavía”.

Arte e inclusión

A su regreso a Mendoza, Gálvez fue convocado por Desarrollo Social para llevar adelante talleres de teatro con los niños del Centro de Actividad de El Borbollón, donde trabaja todos los sábados en la mañana y en donde incursiona todas las aristas de la expresión con chicos que viven en un contexto hostil.

Más tarde, invitado por un profesor del Lengua de una escuela especial, Alfredo tuvo su primer acercamiento a la comunidad sorda con la posibilidad de compartir un semestre con chicos hipoacúsicos, que en conjunto crearon una obra relacionada con la importancia o no del implante coclear, obra que sirvió para que los adolescentes plantearan su postura, a diferencia de sus padres.

Con el “sí” fácil para ayudar

“Mucho de mi vida se ha basado en prueba y error. Yo he estudiado mucho clown, el payaso dice a todo que sí y mucho de lo que he hecho en mi vida ha sido el resultado de prueba y error”. Y en ese decir que sí a todo, Alfredo terminó involucrado en un proyecto de teatro y escenografía para sordos, en el marco de los proyectos de extensión universitaria  Prof. Mauricio López, de la Universidad Nacional de Cuyo. De esta manera, hace más de un año se convirtió en el profesor de Teatro de la Asociación de Sordos de Mendoza, donde cada viernes trabaja con un grupo de chicos y otros no tan chicos.

“Andrea Zucari es quien me convocó, pero además quien se puso el proyecto al hombro”, cuenta Alfredo, plan que involucra a varios docentes y que en un primer momento tuvo como objetivo “prevenir y alejar a los chicos de las adicciones o de contextos de adicciones en esta comunidad como en la sociedad existe”.

El joven actor cuenta cómo, intérprete de por medio, intentaron llevar adelante una obra de teatro, lo que se dificultó por la falta de interés real y por la inestabilidad del grupo, que no terminaba de conformarse.

Pero después de mostrarles un corto de sordos, encendió el entusiasmo de todos dentro y fuera de la asociación y de esta manera nació el primer corto de la comunidad de sordos de Mendoza con la ayuda del equipo de Un Caracol Producciones, a cargo del rodaje y la edición del mismo.

“Filmamos el corto en una noche y participaron no sólo los chicos de la comunidad sorda, sino también amigos que se coparon con el hecho de poder dejar un mensaje sobre las adicciones”.

Desafíos 2015

Este año, el grupo conformado por más de diez personas redobla la apuesta e intenta llegar no sólo a quienes tienen la hipoacusia como discapacidad, sino a quienes deseen compartir el mismo espacio cultural y artístico para aprender teatro, escenografía, maquillaje, clown, malabares, medios audiovisuales, fotografía  tela y acrobacia.

“Y ahora estamos pensando en incluir candombe”, cuenta entusiasmado, por los excelentes resultados del año pasado. “Este año todo está apuntado a producir un programa de TV exclusivo para la cultura sorda, ya que no tienen productos pensados para ellos; la idea es armar un programa piloto. Y además tengo el proyecto de armar un festival de mimo y pantomima, y sería muy simbólico que fuera en la asociación”, relata el profesor.

“Son actores natos, con una capacidad impresionante para actuar, tienen mucho más desarrollada su expresión corporal. Hay cosas en las que me demoré un montón de tiempo en hacer y ellos lo consiguen en minutos en un escenario. Trabajar con ellos me llena la semana de felicidad”, concluye Alfredo con orgullo./Rebeca Rodriguez

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