Cargando...
Por Redacción

Argentina, ese país que perdió su autoestima



Los tiempos corren tan veloces, como veloces son las arteras estocadas en la vida de los ciudadanos. Tanto, que no hay reacción alguna para detener aspectos que están dañando ese ser nacional al que muchos se refieren y por el que todos contribuyen a su denigración.


Dentro de unos días y bajo la consigna “Ni Una Más” la nación entera arrastrará una vez más sus dolidas osamentas para gritar a los cuatro puntos cardinales que se termine con la matanza de nuestras mujeres, de nuestras niñas, de nuestras abuelas. Un aspecto que se entrelaza con otros mugrientos puntos que debe sortear el ciudadano, para tan siquiera intentar subsistir.


Mientras tanto el estado y sus organismos, tanto municipal, provincial o nacional profundizan groseros errores. Que, de tan groseros, se han acercado a la morbosa postura en la que se invita a interpretar la vida cotidiana que la gente debe asumir. Y allí, los argentinos en su gran mayoría son protagonistas de historias muy duras donde la trata de personas con el robo de niñas y jovencitas se multiplica por minuto bajo el amparo del oscuro ámbito de la mafia que domina el escenario nacional comprando jueces, policías y funcionarios. Donde el narcotráfico es también parte del gran negocio, con todo lo que ello implica entre nuestros niños y jóvenes. Donde la pobreza hace el gran aporte de la marginalidad de millones de seres que con total desprecio a la vida hipotecaron su existencia bajo el oscuro halo de esa inseguridad que les entrega mucho dinero, mucha droga y corta vida.


A este desfachatado e inmerecido cóctel al que el ciudadano es sometido permanentemente el país deja al descubierto “porqué pasa lo que pasa”. Allí donde la familia se ha disgregado a punto tal que se está al borde de desaparecer como célula madre de nuestra sociedad. Familia que ya no irradia códigos y límites a sus hijos y los hace incursionar en esa violencia generalizada que golpea a pleno el pulmón de la educación asistemática y dramáticamente la sistemática. Esta última ha sido llevada a caminos que muy difícil será desandarlos, cuando uno comprueba a diario ataques físicos y psíquicos a docentes de todos los niveles, la despiadada aplicación de bullying y el maltrato institucional hacia la escuela que no tiene cobijo en la memoria de país.


El pandemónium argentino es también alimentado por el grotesco corzo de las determinaciones que se toman desde organismos de los tres poderes, fundamentalmente del ejecutivo y del judicial. Allí donde el ciudadano tiene ante si decisiones que no tienen cabida en su trastornada consciencia, el ejemplo que “dejó plasmado un fallo de la justicia bonaerense donde se aliviaba una pesada y merecida condena a un violador, bajo el argumento que el niño violado tenía tendencias homosexuales”, es esa clara demostración de lo que estamos expresando.


Entonces y volviendo a eso del porqué nos pasa lo que nos pasa, comprobamos que casi todas las estructuras gubernamentales no están funcionando correctamente, porque el proceder de quienes las administran es incorrecto. Y en muchos casos con esa corrupta intencionalidad que es el caldo de cultivo de “toda esa mugre” que ha salpicado la existencia ciudadana.


El desmadre es tan grande y tan alevoso, que los precandidatos a la presidencia de nuestra nación necesitan exhibirse entre bailarinas con poca ropa, chistes subidos de tono y la estupidez al por mayor de un programa de televisión que lo único que hace es obnubilar aún más la mirada perdida de un ciudadano que en muchos casos vencido espera, solo espera sin esperanzas y con su destrozada autoestima, tal cual la República Argentina de estos inmerecidos tiempos.


Daniel Gallardo – Periodista y Productor de Radio Estudio Cooperativa 91.7 y Diario El Ciudadano     


comentarios

Compartir en facebook
Compartir en twitter
imagen

Argentina, ese país que perdió su autoestima

Los tiempos corren tan veloces, como veloces son las arteras estocadas en la vida de los ciudadanos. Tanto, que no hay reacción alguna para detener aspectos que están dañando ese ser nacional al que muchos se refieren y por el que todos contribuyen a su denigración.

Dentro de unos días y bajo la consigna “Ni Una Más” la nación entera arrastrará una vez más sus dolidas osamentas para gritar a los cuatro puntos cardinales que se termine con la matanza de nuestras mujeres, de nuestras niñas, de nuestras abuelas. Un aspecto que se entrelaza con otros mugrientos puntos que debe sortear el ciudadano, para tan siquiera intentar subsistir.

Mientras tanto el estado y sus organismos, tanto municipal, provincial o nacional profundizan groseros errores. Que, de tan groseros, se han acercado a la morbosa postura en la que se invita a interpretar la vida cotidiana que la gente debe asumir. Y allí, los argentinos en su gran mayoría son protagonistas de historias muy duras donde la trata de personas con el robo de niñas y jovencitas se multiplica por minuto bajo el amparo del oscuro ámbito de la mafia que domina el escenario nacional comprando jueces, policías y funcionarios. Donde el narcotráfico es también parte del gran negocio, con todo lo que ello implica entre nuestros niños y jóvenes. Donde la pobreza hace el gran aporte de la marginalidad de millones de seres que con total desprecio a la vida hipotecaron su existencia bajo el oscuro halo de esa inseguridad que les entrega mucho dinero, mucha droga y corta vida.

A este desfachatado e inmerecido cóctel al que el ciudadano es sometido permanentemente el país deja al descubierto “porqué pasa lo que pasa”. Allí donde la familia se ha disgregado a punto tal que se está al borde de desaparecer como célula madre de nuestra sociedad. Familia que ya no irradia códigos y límites a sus hijos y los hace incursionar en esa violencia generalizada que golpea a pleno el pulmón de la educación asistemática y dramáticamente la sistemática. Esta última ha sido llevada a caminos que muy difícil será desandarlos, cuando uno comprueba a diario ataques físicos y psíquicos a docentes de todos los niveles, la despiadada aplicación de bullying y el maltrato institucional hacia la escuela que no tiene cobijo en la memoria de país.

El pandemónium argentino es también alimentado por el grotesco corzo de las determinaciones que se toman desde organismos de los tres poderes, fundamentalmente del ejecutivo y del judicial. Allí donde el ciudadano tiene ante si decisiones que no tienen cabida en su trastornada consciencia, el ejemplo que “dejó plasmado un fallo de la justicia bonaerense donde se aliviaba una pesada y merecida condena a un violador, bajo el argumento que el niño violado tenía tendencias homosexuales”, es esa clara demostración de lo que estamos expresando.

Entonces y volviendo a eso del porqué nos pasa lo que nos pasa, comprobamos que casi todas las estructuras gubernamentales no están funcionando correctamente, porque el proceder de quienes las administran es incorrecto. Y en muchos casos con esa corrupta intencionalidad que es el caldo de cultivo de “toda esa mugre” que ha salpicado la existencia ciudadana.

El desmadre es tan grande y tan alevoso, que los precandidatos a la presidencia de nuestra nación necesitan exhibirse entre bailarinas con poca ropa, chistes subidos de tono y la estupidez al por mayor de un programa de televisión que lo único que hace es obnubilar aún más la mirada perdida de un ciudadano que en muchos casos vencido espera, solo espera sin esperanzas y con su destrozada autoestima, tal cual la República Argentina de estos inmerecidos tiempos.

Daniel Gallardo – Periodista y Productor de Radio Estudio Cooperativa 91.7 y Diario El Ciudadano     

comentarios

imagen imagen
Login