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Por Redacción
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Amado cada vez más cerca del juicio



Amado Boudou decidió no seguir probando suerte con revertir una de las causas judiciales que más problemas le trajeron, la de la ex Ciccone Calcográfica. Su procesamiento por cohecho y negociaciones incompatibles con la función pública quedó firme, pues venció el plazo que tenía su defensa para apelar ante la Corte Suprema de Justicia.


Casi todos los involucrados decidieron imitar la conducta del vicepresidente en la causa de no interponer un recurso extraordinario ante la Cámara Federal de Casación Penal para que el caso llegara la Corte, y probar suerte en la última instancia judicial. El único que lo hizo fue Nicolás Cicocne, antiguo dueño de la imprenta.


Los caminos a la Corte no son gratuitos. Primero tienen que sortear la decisión de Casación de conceder o no esa apelación, y si no lo hacen, tiene la chanche de interponer lo que se llama “una queja” directamente ante el máximo tribunal penal del país. Pero lo costoso está dado no sólo porque ese tipo de planteos es rechazado por la Corte sino además porque la sola interposición de una queja implica pagar una suma considerable de dinero como requisito.


La Sala IV, integrada por Mariano Borinsky, Gustavo Hornos y Juan Carlos Gemignani, fue el último intento de los acusados: Boudou; su amigo, el empresario José María Núñez Carmona; el abogado Alejandro Vandenbroele, titular de The Old Fund; el antiguo dueño de la imprenta, Nicolás Ciccone; el ex jefe de gabinete del Ministerio de Economía, Guido Forcieri; y el asesor de la AFIP Rafael Resnick Brenner.


Según la hipótesis que manejó el juez Ariel Lijo, el vicepresidente Boudou por medio de otras personas, en el caso Núñez Carmona, se interesó por el futuro de la imprenta Ciccone Calcográfica, hoy Compañía de Valores Sudamericana, y para ello intervino para levantar la quiebra que pesaba sobre la misma y hacerse del 70 por ciento de las acciones. El broche era arreglar contratos con el Estado para la impresión de billetes, un negocio perfecto.


En la adquisición de esas acciones de la imprenta intervino el fondo The Old Fund y la cara visible fue Vandenbroele. Boudou negó siempre tener vínculo con él, pero la Justicia nunca le creyó. Además, Ciccone y uno de sus yernos, Guillermo Reinwick (quien estuvo procesado y ahora con falta de mérito) dijeron que en al menos dos reuniones en que se gestionó la venta de la gráfica, el Vicepresidente estuvo en persona.


Ahora Lijo está en condiciones de elevar a juicio oral y público al Vicepresidente. Mientras, sigue adelante con una investigación por presunto enriquecimiento ilícito que involucra tanto a Boudou como a su familia./Infobae


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Amado cada vez más cerca del juicio

Amado Boudou decidió no seguir probando suerte con revertir una de las causas judiciales que más problemas le trajeron, la de la ex Ciccone Calcográfica. Su procesamiento por cohecho y negociaciones incompatibles con la función pública quedó firme, pues venció el plazo que tenía su defensa para apelar ante la Corte Suprema de Justicia.

Casi todos los involucrados decidieron imitar la conducta del vicepresidente en la causa de no interponer un recurso extraordinario ante la Cámara Federal de Casación Penal para que el caso llegara la Corte, y probar suerte en la última instancia judicial. El único que lo hizo fue Nicolás Cicocne, antiguo dueño de la imprenta.

Los caminos a la Corte no son gratuitos. Primero tienen que sortear la decisión de Casación de conceder o no esa apelación, y si no lo hacen, tiene la chanche de interponer lo que se llama “una queja” directamente ante el máximo tribunal penal del país. Pero lo costoso está dado no sólo porque ese tipo de planteos es rechazado por la Corte sino además porque la sola interposición de una queja implica pagar una suma considerable de dinero como requisito.

La Sala IV, integrada por Mariano Borinsky, Gustavo Hornos y Juan Carlos Gemignani, fue el último intento de los acusados: Boudou; su amigo, el empresario José María Núñez Carmona; el abogado Alejandro Vandenbroele, titular de The Old Fund; el antiguo dueño de la imprenta, Nicolás Ciccone; el ex jefe de gabinete del Ministerio de Economía, Guido Forcieri; y el asesor de la AFIP Rafael Resnick Brenner.

Según la hipótesis que manejó el juez Ariel Lijo, el vicepresidente Boudou por medio de otras personas, en el caso Núñez Carmona, se interesó por el futuro de la imprenta Ciccone Calcográfica, hoy Compañía de Valores Sudamericana, y para ello intervino para levantar la quiebra que pesaba sobre la misma y hacerse del 70 por ciento de las acciones. El broche era arreglar contratos con el Estado para la impresión de billetes, un negocio perfecto.

En la adquisición de esas acciones de la imprenta intervino el fondo The Old Fund y la cara visible fue Vandenbroele. Boudou negó siempre tener vínculo con él, pero la Justicia nunca le creyó. Además, Ciccone y uno de sus yernos, Guillermo Reinwick (quien estuvo procesado y ahora con falta de mérito) dijeron que en al menos dos reuniones en que se gestionó la venta de la gráfica, el Vicepresidente estuvo en persona.

Ahora Lijo está en condiciones de elevar a juicio oral y público al Vicepresidente. Mientras, sigue adelante con una investigación por presunto enriquecimiento ilícito que involucra tanto a Boudou como a su familia./Infobae

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