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Alternancia política
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Por Redacción

Alternancia política



El próximo gobierno deberá tomar medidas para encaminar la economía y corregir los desajustes sociales que pusieron en riesgo a gran parte de la población.

Ante la endeble situación en que quedará el país al final de este ciclo, que inexorablemente culminará en diciembre del 2015, nos preguntamos si le será posible a un próximo gobierno emprender la tarea impostergable de recomponer las instituciones de la Nación y sacar al país del sistema clientelar en que se ha sumergido durante largos años.

El sistema de Gobierno argentino se ha convertido en algo muy parecido a aquellos regímenes de partido único, donde el binomio “presidente-partido político”, le otorga al gobernante de turno un poder casi ilimitado, muy cercano al de monarca absoluto. Modificar esta situación será la tarea más difícil que deberá encarar el próximo gobierno constitucional.

Escuchamos a algunos políticos decir con toda soltura que, para hacer política en nuestro país hay que tener una gran fortuna. Es cierto que esto es así en la Argentina de hoy, pero también es cierto que es una clara señal de inmadurez política y cultural, no sólo de los que lo enuncian, sino también de los que aceptan con resignación esta premisa.

Así como el objetivo hasta aquí, en el camino de consolidación de la democracia, ha sido que los gobiernos completen su período constitucional –pocas veces cumplido, pero al parecer, finalmente logrado-, el próximo objetivo que permita avanzar un paso más hacia la democracia plena deberá ser el de instaurar definitivamente un modelo de alternancia política seguro y sustentable en el tiempo, que garantice el funcionamiento pleno de las instituciones democráticas y permita con ello erradicar la corrupción y poner fin al sistema clientelar.

A pesar de que en nuestro país hay abundancia de partidos políticos, la oferta política siempre es pobre e insuficiente para competir en igualdad de condiciones ante la existencia de un partido predominante. Por eso, poner en valor a los partidos políticos deberá ser lo primero.

El partido político es un espacio donde se debaten las ideas, donde se forman las nuevas generaciones de dirigentes y donde se enseña y se aprende la convivencia democrática. El Estado debe preocuparse por la salud y la fortaleza de los partidos políticos.

El próximo gobierno tendrá una tarea muy ardua si quiere reconstruir el valor de las instituciones y dejar atrás este sistema clientelar que nos mantiene en el subdesarrollo democrático actual. A su vez, deberá tomar medidas para encaminar la economía y dar respuesta a las consecuencias sociales que han producido los graves desajustes, que han puesto en peligro las condiciones de vida de gran parte de la población. Nada será ajeno a los urgentes problemas económicos y sociales que deberá enfrentar y, sobre todo, a la corrupción.

La dificultad no estará referida sólo a lo económico y social. La necesidad le impondrá consensuar, pero deberá hacerlo en el ambiente de confrontación que seguramente reciba del gobierno saliente. Todo esto hará muy difícil su tarea.

La alternancia pareciera ser la clave para consolidar un modelo de tolerancia entre sectores ideológicos antagónicos, porque es germen de consenso y, consecuentemente, de políticas de Estado, que también contribuyen a permitir una saludable convivencia pacífica.

La alternancia nos hace más ciudadanos, a los votantes y a los candidatos. A los votantes porque les da la oportunidad de evaluar y decidir, y a los políticos porque los obliga a dialogar, acordar y cohabitar; a pactar políticas de gobierno que garanticen continuidad, más allá de un período de gobierno.

Esto es escuchar al otro, al que piensa distinto. Le obliga también, al gobernante, a pensar permanentemente en que deberá rendir cuentas, porque su mandato tiene un término inexorable, un plazo fijo que impone el sistema y que es una herramienta de la ciudadanía, su única herramienta.

La instalación de la sucesión inequívoca en el sistema democrático, obliga al político a hacer campaña con las acciones de gobierno; no puede desaprovechar el tiempo disponible con discursos y promesas, ante la oportunidad única que le otorga la posibilidad de actuar desde la función pública y sobre hechos concretos.

Con la consolidación de la alternancia habremos recuperado un gran valor de la democracia participativa, que es contraria del clientelismo porque hace que la demagogia sea un ejercicio sin rédito. Le quita a la política la necesidad del cliente y obliga a construir sobre acuerdos previos con participación ciudadana. Transforma al “vamos por todo”, lema fundado en la ambición de perpetuación, en “vamos con todos”, una expresión más digna de la democracia participativa y republicana.

Tal vez, este sea un objetivo más ambicioso y arduo que el anterior, pero es una necesidad que los argentinos reclamamos desde la recuperación de la democracia y merecerá el esfuerzo de intentarlo.


Emilio Luis Magnaghi es Director del Centro de Estudios Estratégicos para la Defensa Nacional Santa Romana, y autor de El momento es ahora y El ABC de la Defensa Nacional.


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Alternancia política

El próximo gobierno deberá tomar medidas para encaminar la economía y corregir los desajustes sociales que pusieron en riesgo a gran parte de la población.
Ante la endeble situación en que quedará el país al final de este ciclo, que inexorablemente culminará en diciembre del 2015, nos preguntamos si le será posible a un próximo gobierno emprender la tarea impostergable de recomponer las instituciones de la Nación y sacar al país del sistema clientelar en que se ha sumergido durante largos años.
El sistema de Gobierno argentino se ha convertido en algo muy parecido a aquellos regímenes de partido único, donde el binomio “presidente-partido político”, le otorga al gobernante de turno un poder casi ilimitado, muy cercano al de monarca absoluto. Modificar esta situación será la tarea más difícil que deberá encarar el próximo gobierno constitucional.
Escuchamos a algunos políticos decir con toda soltura que, para hacer política en nuestro país hay que tener una gran fortuna. Es cierto que esto es así en la Argentina de hoy, pero también es cierto que es una clara señal de inmadurez política y cultural, no sólo de los que lo enuncian, sino también de los que aceptan con resignación esta premisa.
Así como el objetivo hasta aquí, en el camino de consolidación de la democracia, ha sido que los gobiernos completen su período constitucional –pocas veces cumplido, pero al parecer, finalmente logrado-, el próximo objetivo que permita avanzar un paso más hacia la democracia plena deberá ser el de instaurar definitivamente un modelo de alternancia política seguro y sustentable en el tiempo, que garantice el funcionamiento pleno de las instituciones democráticas y permita con ello erradicar la corrupción y poner fin al sistema clientelar.
A pesar de que en nuestro país hay abundancia de partidos políticos, la oferta política siempre es pobre e insuficiente para competir en igualdad de condiciones ante la existencia de un partido predominante. Por eso, poner en valor a los partidos políticos deberá ser lo primero.
El partido político es un espacio donde se debaten las ideas, donde se forman las nuevas generaciones de dirigentes y donde se enseña y se aprende la convivencia democrática. El Estado debe preocuparse por la salud y la fortaleza de los partidos políticos.
El próximo gobierno tendrá una tarea muy ardua si quiere reconstruir el valor de las instituciones y dejar atrás este sistema clientelar que nos mantiene en el subdesarrollo democrático actual. A su vez, deberá tomar medidas para encaminar la economía y dar respuesta a las consecuencias sociales que han producido los graves desajustes, que han puesto en peligro las condiciones de vida de gran parte de la población. Nada será ajeno a los urgentes problemas económicos y sociales que deberá enfrentar y, sobre todo, a la corrupción.
La dificultad no estará referida sólo a lo económico y social. La necesidad le impondrá consensuar, pero deberá hacerlo en el ambiente de confrontación que seguramente reciba del gobierno saliente. Todo esto hará muy difícil su tarea.
La alternancia pareciera ser la clave para consolidar un modelo de tolerancia entre sectores ideológicos antagónicos, porque es germen de consenso y, consecuentemente, de políticas de Estado, que también contribuyen a permitir una saludable convivencia pacífica.
La alternancia nos hace más ciudadanos, a los votantes y a los candidatos. A los votantes porque les da la oportunidad de evaluar y decidir, y a los políticos porque los obliga a dialogar, acordar y cohabitar; a pactar políticas de gobierno que garanticen continuidad, más allá de un período de gobierno.
Esto es escuchar al otro, al que piensa distinto. Le obliga también, al gobernante, a pensar permanentemente en que deberá rendir cuentas, porque su mandato tiene un término inexorable, un plazo fijo que impone el sistema y que es una herramienta de la ciudadanía, su única herramienta.
La instalación de la sucesión inequívoca en el sistema democrático, obliga al político a hacer campaña con las acciones de gobierno; no puede desaprovechar el tiempo disponible con discursos y promesas, ante la oportunidad única que le otorga la posibilidad de actuar desde la función pública y sobre hechos concretos.
Con la consolidación de la alternancia habremos recuperado un gran valor de la democracia participativa, que es contraria del clientelismo porque hace que la demagogia sea un ejercicio sin rédito. Le quita a la política la necesidad del cliente y obliga a construir sobre acuerdos previos con participación ciudadana. Transforma al “vamos por todo”, lema fundado en la ambición de perpetuación, en “vamos con todos”, una expresión más digna de la democracia participativa y republicana.
Tal vez, este sea un objetivo más ambicioso y arduo que el anterior, pero es una necesidad que los argentinos reclamamos desde la recuperación de la democracia y merecerá el esfuerzo de intentarlo.

Emilio Luis Magnaghi es Director del Centro de Estudios Estratégicos para la Defensa Nacional Santa Romana, y autor de El momento es ahora y El ABC de la Defensa Nacional.

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