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Almacenes en rojo en Mendoza
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Por Redacción

Almacenes en rojo en Mendoza



Según lo aseguran comerciantes y especialistas consultados, la disminución de las ventas responde a la falta de dinero y al ahorro que se nota en el rubro alimentos.


Esta, sin lugar a dudas, es la peor cara de la recesión, ya que la clase media y baja mendocina prefiere escatimar gastos y ahorrar forzosamente dejando de comprar los principales productos de la canasta básica.


La otra arista de la problemática es el desempleo. Las pocas ventas repercuten fuertemente en los empleados que trabajan en almacenes, rotiserías, pollerías, verdulerías y carnicerías, porque mantener la rentabilidad deben realizar recortes entre el personal.


La milanesa, una excentricidad


La venta de productos alimenticios, tales como huevos, pan, milanesas, verduras, carnes, rotizados y hasta productos de almacén, cayó por sexto mes consecutivo, según una investigación realizada por este medio en varios comercios del gran Mendoza.


Al respecto, el economista Julio Fresno explicó la grave situación a El Ciudadano. “El fenómeno de notable recesión que hoy atraviesan almacenes, verdulerías, carnicerías y polirubros del país, responde a una cuestión muy simple: la falta de efectivo. Este tipo de pequeños y medianos locales viven del dinero en efectivo y eso es justamente lo que está en falta. Por ejemplo, en el almacén de la vuelta de mi casa adonde voy todos los días no reciben (tarjetas de) débito ni crédito y mucho menos tienen un día destinados a descuentos”, dice, y asegura que “ahí se genera una desventaja grande, que ante la falta de plata determina ventas mucho más bajas. La gente destina una buena parte de sus ingresos a comprar en supermercados y prefiere no gastar en una gaseosa en el almacén de Don José”.


Antes, una compra que incluía por ejemplo una docena de huevos y/o un kilo de milanesas era parte de lo cotidiano en una familia de clase media, pero ahora, por su costo, se la considera casi un lujo.


Así, esta nueva clase de economía familiar y ahorro en los alimentos se vuelve a poner de moda como en los años 90, cuando la falta de dinero en las clases menos pudientes se traducía en estratégicas y malabares de resguardo de metálico, al que las jefas de familia debían recurrir para poder seguir llevando buenas comidas a la mesa. Naturalmente, este estancamiento del pequeño mercado, producto de la acaparación de billetes “bajo el colchón” por temor a ser víctimas directas de la inestabilidad económica, tiene hoy impacto directo en los comerciantes que desde hace deis meses compran más de lo que venden.


“Las ventas empezaron a bajar notablemente en febrero y marzo. Pero como habitualmente por esas fechas las ventas tienden a bajar por vacaciones, no se dijo nada y pasó. Después repuntaron un poco en abril, pero en los primeros días de mayo volvimos como al principio y así seguimos hasta ahora. Esperemos que el fin de año traiga buenas ventas, porque si no, tengo miedo de cerrar un negocio que hoy le da comer a otras cinco familias además de la mía”, comentó Mario Países, del almacén Dorrego Sur, ubicado en la esquina de Remedios Escalada y Zapala de Dorrego.


A una cuadra de distancia, el carnicero Francisco Toso describe el mismo panorama que Países. “Hace cinco meses que las ventas caen y caen. De bajar diez medias reses por semana en abril, hoy estoy bajando seis como mucho, y a veces me sobra. Es una pena porque esto nos dice que la gente no tiene para comprar carne y prefiere sustituir este alimento básico por otra cosa de menor valor. Ni hablar de la gente a la que no puedo seguir manteniendo en el local. Es muy fácil, los números no me cerraron un bimestre y aguanté, no me cerraron otro bimestre y seguí aguantando, pero ya no pude más. La semana pasada le tuve que decir a un cortador de carne que no venga más porque no le puedo seguir pagando”, explicó el comerciante, con 25 años en la zona.


“Sin embargo, más allá de los “flojitos” cierres de caja y la crisis económica en el último eslabón de la cadena de mercado, existen otros dos ejes de la problemática que evidencian la escasez de billetes y el resguardo de los pocos que hay. El primero es la poca cantidad de gente que frecuenta los locales comerciales, y el otro, la falta de billetes de $100 en las cajas registradoras. “La pobre circulación del ‘papel violeta’ habla de resguardo ante la inseguridad. Es por eso que existe esa sensación de que el fin de mes llega antes. Un comerciante se da cuenta cuando la gente cobra porque los billetes de $100 se multiplican y entonces el problema pasa a ser la falta de cambio”, señala Fresno.


Se nota en la calle


El inconveniente central en este punto es que los billetes de mayor denominación están faltando mucho antes de lo normal.


Para comprobar esta hipótesis, El Ciudadano recorrió veinte comercios que venden directamente al público en pequeños o medianos locales ubicados en Dorrego, Godoy Cruz y Las Heras. El resultado no tuvo sorpresas: en el 85% de los lugares consultados aseguraron que las ventas en esta época del año cayeron a un pozo y que la plata no dura hasta fin de mes, estimándose que diez días antes se acaba.


Otro ejemplo es el de Rubén López, de la panadería Unión, quien asegura que las ventas de productos panificados (considerado como de primerísima necesidad) disminuyeron un mínimo de 15% respecto del mes pasado y la situación se repitió en los cuatro meses anteriores.


Pero la crisis no solo afecta a los vendedores de comida. Por ejemplo, también Mariana Sabatinni, encargada de la librería Alas, de la calle Balcarce, de Godoy Cruz, asegura que con el correr del año se vende cada vez menos. “En realidad, en números de mes a mes vendimos un entre un 4% y un 6% menos, pero lo cierto es que las ventas cayeron y fuerte. Si comparo julio/agosto del 2014 con el mismo período del año pasado, la diferencia de plata (en menos) es muy grande. Estamos hablando de unos $12.000 menos. La explicación es que para el Día del Niño (único día especial del mes) vendimos muy poquito”, aseguró Mariana con marcada preocupación.


La crisis la paga el trabajador


Una vez más el desconcierto ante la inflación y la crisis generan impacto en los trabajadores. Es que la consecuencia directa de estos deprimidos cierres y balances de fin de mes son los recortes en el personal.


Es sabido que un pequeño empresario que no está ganando dinero con su negocio tiene que, lamentablemente, achicar el costo laboral para que los empleados que “sobrevivan” puedan seguir trabajando y no plantearse una quiebra por falta de rentabilidad. En lo que va del año, 7 mil mendocinos perdieron su fuente de trabajo.


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Almacenes en rojo en Mendoza

Según lo aseguran comerciantes y especialistas consultados, la disminución de las ventas responde a la falta de dinero y al ahorro que se nota en el rubro alimentos.

Esta, sin lugar a dudas, es la peor cara de la recesión, ya que la clase media y baja mendocina prefiere escatimar gastos y ahorrar forzosamente dejando de comprar los principales productos de la canasta básica.

La otra arista de la problemática es el desempleo. Las pocas ventas repercuten fuertemente en los empleados que trabajan en almacenes, rotiserías, pollerías, verdulerías y carnicerías, porque mantener la rentabilidad deben realizar recortes entre el personal.

La milanesa, una excentricidad

La venta de productos alimenticios, tales como huevos, pan, milanesas, verduras, carnes, rotizados y hasta productos de almacén, cayó por sexto mes consecutivo, según una investigación realizada por este medio en varios comercios del gran Mendoza.

Al respecto, el economista Julio Fresno explicó la grave situación a El Ciudadano. “El fenómeno de notable recesión que hoy atraviesan almacenes, verdulerías, carnicerías y polirubros del país, responde a una cuestión muy simple: la falta de efectivo. Este tipo de pequeños y medianos locales viven del dinero en efectivo y eso es justamente lo que está en falta. Por ejemplo, en el almacén de la vuelta de mi casa adonde voy todos los días no reciben (tarjetas de) débito ni crédito y mucho menos tienen un día destinados a descuentos”, dice, y asegura que “ahí se genera una desventaja grande, que ante la falta de plata determina ventas mucho más bajas. La gente destina una buena parte de sus ingresos a comprar en supermercados y prefiere no gastar en una gaseosa en el almacén de Don José”.

Antes, una compra que incluía por ejemplo una docena de huevos y/o un kilo de milanesas era parte de lo cotidiano en una familia de clase media, pero ahora, por su costo, se la considera casi un lujo.

Así, esta nueva clase de economía familiar y ahorro en los alimentos se vuelve a poner de moda como en los años 90, cuando la falta de dinero en las clases menos pudientes se traducía en estratégicas y malabares de resguardo de metálico, al que las jefas de familia debían recurrir para poder seguir llevando buenas comidas a la mesa. Naturalmente, este estancamiento del pequeño mercado, producto de la acaparación de billetes “bajo el colchón” por temor a ser víctimas directas de la inestabilidad económica, tiene hoy impacto directo en los comerciantes que desde hace deis meses compran más de lo que venden.

“Las ventas empezaron a bajar notablemente en febrero y marzo. Pero como habitualmente por esas fechas las ventas tienden a bajar por vacaciones, no se dijo nada y pasó. Después repuntaron un poco en abril, pero en los primeros días de mayo volvimos como al principio y así seguimos hasta ahora. Esperemos que el fin de año traiga buenas ventas, porque si no, tengo miedo de cerrar un negocio que hoy le da comer a otras cinco familias además de la mía”, comentó Mario Países, del almacén Dorrego Sur, ubicado en la esquina de Remedios Escalada y Zapala de Dorrego.

A una cuadra de distancia, el carnicero Francisco Toso describe el mismo panorama que Países. “Hace cinco meses que las ventas caen y caen. De bajar diez medias reses por semana en abril, hoy estoy bajando seis como mucho, y a veces me sobra. Es una pena porque esto nos dice que la gente no tiene para comprar carne y prefiere sustituir este alimento básico por otra cosa de menor valor. Ni hablar de la gente a la que no puedo seguir manteniendo en el local. Es muy fácil, los números no me cerraron un bimestre y aguanté, no me cerraron otro bimestre y seguí aguantando, pero ya no pude más. La semana pasada le tuve que decir a un cortador de carne que no venga más porque no le puedo seguir pagando”, explicó el comerciante, con 25 años en la zona.

“Sin embargo, más allá de los “flojitos” cierres de caja y la crisis económica en el último eslabón de la cadena de mercado, existen otros dos ejes de la problemática que evidencian la escasez de billetes y el resguardo de los pocos que hay. El primero es la poca cantidad de gente que frecuenta los locales comerciales, y el otro, la falta de billetes de $100 en las cajas registradoras. “La pobre circulación del ‘papel violeta’ habla de resguardo ante la inseguridad. Es por eso que existe esa sensación de que el fin de mes llega antes. Un comerciante se da cuenta cuando la gente cobra porque los billetes de $100 se multiplican y entonces el problema pasa a ser la falta de cambio”, señala Fresno.

Se nota en la calle

El inconveniente central en este punto es que los billetes de mayor denominación están faltando mucho antes de lo normal.

Para comprobar esta hipótesis, El Ciudadano recorrió veinte comercios que venden directamente al público en pequeños o medianos locales ubicados en Dorrego, Godoy Cruz y Las Heras. El resultado no tuvo sorpresas: en el 85% de los lugares consultados aseguraron que las ventas en esta época del año cayeron a un pozo y que la plata no dura hasta fin de mes, estimándose que diez días antes se acaba.

Otro ejemplo es el de Rubén López, de la panadería Unión, quien asegura que las ventas de productos panificados (considerado como de primerísima necesidad) disminuyeron un mínimo de 15% respecto del mes pasado y la situación se repitió en los cuatro meses anteriores.

Pero la crisis no solo afecta a los vendedores de comida. Por ejemplo, también Mariana Sabatinni, encargada de la librería Alas, de la calle Balcarce, de Godoy Cruz, asegura que con el correr del año se vende cada vez menos. “En realidad, en números de mes a mes vendimos un entre un 4% y un 6% menos, pero lo cierto es que las ventas cayeron y fuerte. Si comparo julio/agosto del 2014 con el mismo período del año pasado, la diferencia de plata (en menos) es muy grande. Estamos hablando de unos $12.000 menos. La explicación es que para el Día del Niño (único día especial del mes) vendimos muy poquito”, aseguró Mariana con marcada preocupación.

La crisis la paga el trabajador

Una vez más el desconcierto ante la inflación y la crisis generan impacto en los trabajadores. Es que la consecuencia directa de estos deprimidos cierres y balances de fin de mes son los recortes en el personal.

Es sabido que un pequeño empresario que no está ganando dinero con su negocio tiene que, lamentablemente, achicar el costo laboral para que los empleados que “sobrevivan” puedan seguir trabajando y no plantearse una quiebra por falta de rentabilidad. En lo que va del año, 7 mil mendocinos perdieron su fuente de trabajo.

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