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Por Redacción

Algo está cambiando en la vecindad: Una nueva manera de hacer política



Para los que creemos que la estrategia más eficaz, para proteger nuestros intereses, es la integración regional, vemos en las últimas elecciones de la Región, una luz de esperanza. Una nueva manera de hacer política parece estar tomando forma en nuestra vecindad sudamericana. Muchas horas antes del recuento de votos y con la certeza de ser el ganador, Tabaré Vázquez anticipaba y prometía un amplio acuerdo nacional. Una vez elegido por abrumadora mayoría, anunció que se reunirá con los líderes de toda la oposición, antes de hacerse cargo formalmente del Gobierno el próximo mes de marzo.


Hace apenas unos días, Dilma Roussef, después de ser reelegida presidente del Brasil, cambió decisivamente el rumbo de su gobierno, adoptando un nuevo plan económico, que promete darle mayor transparencia al Estado y mejorar el ambiente de negocios. El nuevo esquema está más de acuerdo con la política económica que propiciaba su adversario en las elecciones, Aécio Neves, que con el de su propio partido (El PT). Designó como  ministro de Economía a Joaquim Levy, quien manifestó la necesidad de corregir el deterioro fiscal y anunció medidas de ajuste para bajar el gasto público y la inflación.



Otro tanto ocurrió en Chile, a principios de este año, con el civilizado y hasta solidario traspaso de gobierno, entre dos personalidades tan distintas, como las del expresidente, Sebastián Piñera y la actual mandataria, Michelle Bachelet.


Una lógica distinta


Lo que en otro momento hubiese sido visto como un desatino, parece empezar a convertirse en algo normal en la Región. Llamar al diálogo a la oposición y a la concertación nacional o cambiar el rumbo económico, por haber escuchado la voz de las minorías expresada en los votos a la oposición, no parecía algo posible en esta parte del mundo. Justamente después de haber ganado por amplio margen una elección.


Como en los países políticamente maduros, las transiciones, están rozando lo aburrido, lo monótono, pero saludable al fin. Nada cambiará demasiado y las sucesiones no serán traumáticas, si se abandona esa vieja práctica del “todo o nada” que tantos sinsabores nos costó. La ausencia de dramatismo se debe a que nadie va por todo. Ninguno de los candidatos pretende quedarse con el poder absoluto. Sólo leves correcciones de timón que no hacen una gran diferencia. Modernas y sutiles maneras de conducir el Estado.


Esto nos indica que se está rompiendo la lógica de pretender imponer condiciones a ultranza, por el sólo hecho de consagrarse en las urnas. No sabemos aun cómo resultará esta nueva manera de entender la política, que están exhibiendo nuestros principales socios del Mercosur, pero sí estamos seguro que habrá, a partir de ahora, una mayor predisposición al diálogo y a la concertación. Esta impresión de cambio que se está produciendo internamente en los países vecinos, nos permite ser optimistas sobre las posibilidades de que también ocurra en lo regional.


Alguien podría suponer que para que sea viable la integración regional sería necesaria una comunión ideológica entre los mandatarios de los diferentes países que la componen. La realidad es que el nuevo paradigma político, está más cerca del pragmatismo que de la ideología. No habrá una gran diferencia entre el concepto que de la Argentina tenía el presidente saliente de cualquiera de estos países, con el que asume este año o el que viene. Es posible que ciertas especulaciones ya pertenezcan al pasado.


Las relaciones con la Región


Tal vez las políticas regionales entren en un compás de espera, marcado por la prudencia; pero lo más probable es que esta nuevo carácter político que usa el  diálogo como herramienta, se vaya afianzando y expandiendo hacia la vecindad. Un criterio más amplio en materia de cooperación y complementación podría significar un paso importante hacia la concreción de los proyectos de integración


Un ejemplo son las relaciones que el Uruguay siempre ha tenido con el Brasil y la Argentina. Nuestro vecino más cercano sabe que su destino está atado al los “tires y aflojes” de las relaciones entre los dos países más grandes de la Región. Con ambos comparte intereses, familia y amigos. La virtud del presidente Mujica fue, además de su indiscutida honestidad, su cintura política para manejarse entre estos dos vecinos a veces inestables. El Uruguay ha tenido que madurar a fuerza de convivir en una vecindad complicada.


El año que viene se van a cumplir treinta años desde que se iniciara el proceso de integración regional del que resultara el Mercosur. Pero, en realidad, la idea estratégica se concibió mucho tiempo antes. Como dice Andrés Cisneros en su reciente “Apuntes para una política exterior post kirchnerista”, editado este año: “…el barón de Rio Branco, Getulio Vargas, Ibáñez del Campo y Perón. Todos convergiendo en el ABC –Argentina Brasil, Chile- como proyecto político, esto es, como propuesta concreta, realizable, de la integración regional”.


En nuestro “El ABC de la Defensa Nacional”, publicado en diciembre del año pasado, afirmamos que son ellos, los líderes democráticos de la Región, los que con habilidad y decisión deben, cuanto antes, afrontar el desafío de la integración regional.


Más que los vaivenes de la economía, han sido las desavenencias políticas, las que han hecho, tantas veces, desfallecer el impulso integrador que nos legaron los estadistas que nombra Cisneros. Estamos esperanzados en que esta nueva manera de entender la política, también se contagie a las relaciones de vecindad, con más diálogo y mayor conciencia regional.


Emilio Luis Magnaghi es Director del Centro de Estudios Estratégicos para la Defensa Nacional “Santa Romana”. Autor de “El Momento es Ahora” y “El ABC de la Defensa Nacional”.


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Algo está cambiando en la vecindad: Una nueva manera de hacer política

Para los que creemos que la estrategia más eficaz, para proteger nuestros intereses, es la integración regional, vemos en las últimas elecciones de la Región, una luz de esperanza. Una nueva manera de hacer política parece estar tomando forma en nuestra vecindad sudamericana. Muchas horas antes del recuento de votos y con la certeza de ser el ganador, Tabaré Vázquez anticipaba y prometía un amplio acuerdo nacional. Una vez elegido por abrumadora mayoría, anunció que se reunirá con los líderes de toda la oposición, antes de hacerse cargo formalmente del Gobierno el próximo mes de marzo.

Hace apenas unos días, Dilma Roussef, después de ser reelegida presidente del Brasil, cambió decisivamente el rumbo de su gobierno, adoptando un nuevo plan económico, que promete darle mayor transparencia al Estado y mejorar el ambiente de negocios. El nuevo esquema está más de acuerdo con la política económica que propiciaba su adversario en las elecciones, Aécio Neves, que con el de su propio partido (El PT). Designó como  ministro de Economía a Joaquim Levy, quien manifestó la necesidad de corregir el deterioro fiscal y anunció medidas de ajuste para bajar el gasto público y la inflación.

Otro tanto ocurrió en Chile, a principios de este año, con el civilizado y hasta solidario traspaso de gobierno, entre dos personalidades tan distintas, como las del expresidente, Sebastián Piñera y la actual mandataria, Michelle Bachelet.

Una lógica distinta

Lo que en otro momento hubiese sido visto como un desatino, parece empezar a convertirse en algo normal en la Región. Llamar al diálogo a la oposición y a la concertación nacional o cambiar el rumbo económico, por haber escuchado la voz de las minorías expresada en los votos a la oposición, no parecía algo posible en esta parte del mundo. Justamente después de haber ganado por amplio margen una elección.

Como en los países políticamente maduros, las transiciones, están rozando lo aburrido, lo monótono, pero saludable al fin. Nada cambiará demasiado y las sucesiones no serán traumáticas, si se abandona esa vieja práctica del “todo o nada” que tantos sinsabores nos costó. La ausencia de dramatismo se debe a que nadie va por todo. Ninguno de los candidatos pretende quedarse con el poder absoluto. Sólo leves correcciones de timón que no hacen una gran diferencia. Modernas y sutiles maneras de conducir el Estado.

Esto nos indica que se está rompiendo la lógica de pretender imponer condiciones a ultranza, por el sólo hecho de consagrarse en las urnas. No sabemos aun cómo resultará esta nueva manera de entender la política, que están exhibiendo nuestros principales socios del Mercosur, pero sí estamos seguro que habrá, a partir de ahora, una mayor predisposición al diálogo y a la concertación. Esta impresión de cambio que se está produciendo internamente en los países vecinos, nos permite ser optimistas sobre las posibilidades de que también ocurra en lo regional.

Alguien podría suponer que para que sea viable la integración regional sería necesaria una comunión ideológica entre los mandatarios de los diferentes países que la componen. La realidad es que el nuevo paradigma político, está más cerca del pragmatismo que de la ideología. No habrá una gran diferencia entre el concepto que de la Argentina tenía el presidente saliente de cualquiera de estos países, con el que asume este año o el que viene. Es posible que ciertas especulaciones ya pertenezcan al pasado.

Las relaciones con la Región

Tal vez las políticas regionales entren en un compás de espera, marcado por la prudencia; pero lo más probable es que esta nuevo carácter político que usa el  diálogo como herramienta, se vaya afianzando y expandiendo hacia la vecindad. Un criterio más amplio en materia de cooperación y complementación podría significar un paso importante hacia la concreción de los proyectos de integración

Un ejemplo son las relaciones que el Uruguay siempre ha tenido con el Brasil y la Argentina. Nuestro vecino más cercano sabe que su destino está atado al los “tires y aflojes” de las relaciones entre los dos países más grandes de la Región. Con ambos comparte intereses, familia y amigos. La virtud del presidente Mujica fue, además de su indiscutida honestidad, su cintura política para manejarse entre estos dos vecinos a veces inestables. El Uruguay ha tenido que madurar a fuerza de convivir en una vecindad complicada.

El año que viene se van a cumplir treinta años desde que se iniciara el proceso de integración regional del que resultara el Mercosur. Pero, en realidad, la idea estratégica se concibió mucho tiempo antes. Como dice Andrés Cisneros en su reciente “Apuntes para una política exterior post kirchnerista”, editado este año: “…el barón de Rio Branco, Getulio Vargas, Ibáñez del Campo y Perón. Todos convergiendo en el ABC –Argentina Brasil, Chile- como proyecto político, esto es, como propuesta concreta, realizable, de la integración regional”.

En nuestro “El ABC de la Defensa Nacional”, publicado en diciembre del año pasado, afirmamos que son ellos, los líderes democráticos de la Región, los que con habilidad y decisión deben, cuanto antes, afrontar el desafío de la integración regional.

Más que los vaivenes de la economía, han sido las desavenencias políticas, las que han hecho, tantas veces, desfallecer el impulso integrador que nos legaron los estadistas que nombra Cisneros. Estamos esperanzados en que esta nueva manera de entender la política, también se contagie a las relaciones de vecindad, con más diálogo y mayor conciencia regional.

Emilio Luis Magnaghi es Director del Centro de Estudios Estratégicos para la Defensa Nacional “Santa Romana”. Autor de “El Momento es Ahora” y “El ABC de la Defensa Nacional”.

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