ANÁLISIS. Crucemos los dedos: es posible, aunque no es cierto, que lo peor de la crisis financiera haya pasado. Eso es una buena noticia.
La mala noticia es que, mientras los mercados se están estabilizando, las posibilidades de una reforma fundamental del sistema financiero se escaparon.
La consecuencia es que la próxima crisis será probablemente peor que la que acaba de pasar.
Funcionó durante medio siglo
Consideremos a la historia lejana. Después de la crisis financiera que inauguró la Gran Depresión, los reformadores del New Deal regularon el sistema bancario con el objetivo de proteger la economía de las crisis futuras. El nuevo sistema funcionó bien durante medio siglo.
Al final, sin embargo, Wall Street puso fin a la regulación, usando disposiciones financieras complejas para poner la mayoría de los negocios bancarios fuera del alcance de los reguladores. Washington hubiera podido entonces revisar las reglas para proteger este nuevo “sistema bancario oculto”, pero eso hubiera replicado a la ideología de la época de venerar el mercado. En cambio, los datos oficiales, que provenían de Alan Greenspan hasta abajo, se deshacían en elogios con la innovación financiera y se reían sarcásticamente de las advertencias sobre los riesgos crecientes.
Y ahí vino la crisis. En agosto pasado, mientras los inversionistas empezaban a realizar lo extenso que era el desorden hipotecario, la confianza en el sistema financiero se hundía.
Como una serie televisiva
Creo que fuimos afortunados por tener a Ben Bernanke como director de la Reserva Federal (la Fed) durante estos meses agotadores. Bernanke reconoció, más rápido que los demás, que estuvimos en una situación llevando una semejanza familiar con la gran crisis bancaria de los años 1930-1931. Su prioridad, predominando sobre todo el resto, fue de prevenir una cascada de fallas financieras que hubieran estropeado la economía.
Los esfuerzos de la Fed durante estos últimos nueve meses me hizo acordar a una vieja serie televisiva llamada “MacGyver”, cuyo ingenioso héroe siempre salía de las situaciones complicadas por ensamblar un par de estrategias inteligentes, con unos objetos domésticos usados y con cinta adhesiva. Como las instituciones que tenían problemas no eran bancos, las herramientas tradicionales que usa la Fed para tratar el marasmo financiero se volvieron inútiles, porque estaban destinadas a un sistema centrado en los bancos tradicionales.
Quizás en noviembre un deshollinador democrático alentará la causa de la reforma financiera, pero ahora mismo parece que todo volverá al business tal como era antes. Y si no fijamos el sistema ahora, no hay todas las razones para creer que la próxima crisis será mayor a esta, y que la Fed no tendrá esta vez ningún objeto doméstico usado y ninguna cinta adhesiva para ensamblar.
PAUL KRUGMAN
Traducción y edición: Audrey Jougla